En las relaciones dañinas suele repetirse una frase que responsabiliza a quien sufre: si una persona te hace daño una vez, la culpa es suya; si vuelve a hacerlo, la culpa sería de quien permanece allí
El psicólogo Fran Sánchez considera que esta afirmación es injusta y perjudicial porque simplifica una situación compleja y deja fuera el contexto en el que ocurre el sufrimiento
El vínculo puede dificultar la salida
El daño no siempre aparece al comienzo de una relación. Para entonces pueden haberse formado un vínculo, un apego, un proyecto compartido o incluso una dependencia. Esa conexión puede llevar a la persona afectada a pensar que atraviesa solo una mala etapa y que la situación mejorará
También puede existir manipulación por parte de quien causa el daño. Con el tiempo, la relación puede debilitar la autoestima hasta hacer que la persona deje de reconocerse, dude de sus propias decisiones y encuentre cada vez más difícil reaccionar
En otros casos, alejarse no es una posibilidad inmediata. Los caminos para salir pueden requerir tiempo y estar condicionados por circunstancias emocionales, personales o prácticas
Responsabilidad sin castigo
Sánchez aclara que reconocer estas dificultades no elimina toda responsabilidad. Sin embargo, plantea que debe estar orientada al propio cuidado y no al castigo
Comprender lo ocurrido, desarrollar nuevas herramientas y construir una vida más equilibrada puede ayudar a evitar futuras dependencias. El objetivo es aprender de la experiencia, no aumentar el sufrimiento mediante la culpa
El peligro de juzgar desde fuera
Una decisión que parece sencilla para alguien externo puede ser muy difícil para quien está dentro de la relación. El miedo, la esperanza, el apego y la implicación emocional cambian la forma en que se perciben las opciones disponibles
El psicólogo también recomienda no juzgar las decisiones pasadas con los conocimientos del presente. Quien recuerda una situación ya conoce su desenlace y puede contar con herramientas que no tenía en aquel momento
Por eso, propone validar el dolor y rechazar cualquier mensaje que haga sentir pequeña o ridícula a la persona que sufrió. Aprender de lo sucedido, señala, debe hacerse desde la aceptación y no desde el castigo