Durante los primeros minutos después del nacimiento, una evaluación rápida puede marcar una diferencia decisiva. La escala de Apgar permite observar cinco aspectos del recién nacido: apariencia, pulso, gesticulación, actividad y respiración

Virginia Apgar presentó este método en Estados Unidos en 1952. Su propuesta consistía en asignar entre 0 y 2 puntos a cada parámetro, realizar la primera valoración al minuto de vida y repetirla cinco minutos después

Una evaluación sencilla con impacto decisivo

La escala no exige equipos sofisticados. El personal de salud observa la respuesta del bebé y suma los resultados. En los reflejos, por ejemplo, la ausencia de respuesta recibe 0 puntos; una reacción débil, 1; y una tos, un estornudo o un llanto vigoroso, 2

La respiración también se califica de ese modo: una respiración ausente obtiene 0, una lenta o irregular suma 1 y un llanto fuerte recibe la puntuación máxima

El resultado total ayuda a orientar la atención inmediata. Una puntuación de 3 o menos señala una situación crítica; entre 4 y 6 indica que el bebé necesita asistencia, y entre 7 y 10 se considera compatible con un estado normal

Antes de que el método se extendiera, la atención de los bebés con dificultades podía ser irregular. Algunos recién nacidos pequeños o con coloración azulada eran considerados demasiado enfermos para sobrevivir, aunque en ciertos casos solo necesitaran oxígeno, calor o una intervención oportuna

La propia Apgar cuestionó las prácticas de reanimación utilizadas entonces, que podían incluir procedimientos poco sistemáticos, como alternar la inmersión en agua fría y caliente o introducir aire en el estómago

Una científica en un campo dominado por hombres

Virginia Apgar nació en 1909, en una época en la que las mujeres enfrentaban obstáculos crecientes para ingresar y avanzar en la medicina. Estudió zoología, con especialización en fisiología y química, en el Mount Holyoke College

Su actividad no se limitaba al ámbito académico. Practicaba siete deportes, colaboraba con el periódico universitario, participaba en obras teatrales y tocaba el violín, un instrumento que la acompañó durante toda su vida

A los 20 años ingresó en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Columbia. Fue una de las nueve mujeres de una clase de 90 estudiantes y terminó cuarta en su promoción

Su objetivo inicial era convertirse en cirujana, pero Allen Whipple, jefe de cirugía y su mentor, le recomendó especializarse en anestesiología. Consideraba que ese campo ofrecía mejores posibilidades profesionales para una mujer durante la Gran Depresión

Apgar siguió el consejo y se formó con especialistas destacados. En 1938 regresó a Columbia para dirigir la nueva División de Anestesia, convirtiéndose en la primera mujer en encabezar una división de especialidad en esa institución

En 1949, cuando la división se transformó en departamento, el cargo directivo fue para Emanuel Papper. Apgar, en cambio, fue nombrada profesora titular, un rango que ninguna otra mujer había alcanzado hasta entonces en Columbia

El nacimiento de una escala universal

Desde su trabajo en la sala de partos del Sloane Hospital for Women, Apgar comenzó a estudiar la forma de evaluar con mayor precisión a los recién nacidos. La historia más difundida sostiene que la idea surgió en 1949, después de una conversación informal en la cafetería de la facultad

Según esa versión, anotó en el reverso de una tarjeta los cinco criterios que luego probaría con 1.000 bebés. Tres años después presentó sus resultados. También existe la posibilidad de que el episodio de la cafetería sea una leyenda, pero la contribución científica de Apgar quedó documentada

La escala se estudió y validó rápidamente en otros países. Una década después, la Organización Mundial de la Salud la incorporó a sus guías, lo que ayudó a convertirla en una práctica extendida en todo el mundo

Su importancia no radica solo en la puntuación. El protocolo obliga a examinar al recién nacido de manera ordenada y a actuar cuando el resultado es bajo. También contribuyó a consolidar la idea de que el bebé debe ser tratado como un paciente con necesidades propias, un principio central de la perinatología

Una nueva etapa dedicada a la salud pública

En 1959, después de consolidar su trabajo clínico, Apgar decidió cambiar de rumbo. Obtuvo una maestría en salud pública en Johns Hopkins y comenzó a trabajar para la March of Dimes, organización que había reorientado sus esfuerzos desde la lucha contra la poliomielitis hacia la prevención de defectos congénitos

Durante 15 años recorrió Estados Unidos para hablar sobre el embarazo y las malformaciones de nacimiento. También participó en programas de televisión y ayudó a presentar esos temas de una manera más clara para las familias

En 1972 publicó junto con Joan Beck el libro “¿Está bien mi bebé?”, una guía destinada a explicar las causas y los tratamientos de distintas condiciones congénitas

Una vida marcada por la curiosidad

La medicina no fue su única pasión. Apgar tocó el violín durante toda su vida y solía llevarlo en sus viajes para sumarse a cuartetos de cámara improvisados. En la década de 1950 también aprendió a construir instrumentos de cuerda y fabricó, junto con un amigo, dos violines, una viola y un chelo

Su equipaje incluía además un bisturí de bolsillo, un tubo endotraqueal y un laringoscopio. Los utilizó en emergencias y, según los registros sobre su vida, intervino para salvar 16 personas en accidentes de tránsito y otras situaciones críticas

Aprendió a pilotar aviones cuando tenía más de 50 años. Nunca se casó y mantuvo hasta el final una intensa actividad profesional, pese a las dificultades y desigualdades que había enfrentado por ser mujer

Virginia Apgar murió el 7 de agosto de 1974, a los 65 años. Para entonces, la escala que llevaba su apellido ya se utilizaba de manera generalizada

Más de siete décadas después de su creación, la prueba continúa formando parte de la evaluación inicial de la mayoría de los bebés nacidos en entornos médicos. Aunque hoy se complementa con técnicas diagnósticas y protocolos de reanimación más avanzados, conserva la idea esencial de Apgar: observar de forma rápida, organizada y humana al recién nacido para decidir cómo ayudarlo