Elegir ropa para los días de calor no pasa únicamente por revisar si una prenda es de algodón, lino o poliéster. Para soportar mejor las altas temperaturas, también importa cómo está construida la tela y cuánto aire deja circular
La trama de la tela también cuenta
Una de las claves es la permeabilidad: la capacidad de la tela para dejar pasar el aire hasta la piel. Esa circulación favorece la evaporación del sudor, uno de los mecanismos con los que el cuerpo regula su temperatura
Por eso, las prendas de tejido abierto o de punto más suelto suelen rendir mejor en verano, sobre todo cuando no tienen terminaciones que repelan el agua o la suciedad. Además, fibras celulósicas como el algodón y el lino suelen resultar cómodas y transpirables
Holgado o ajustado, según el uso
El calce también modifica la sensación térmica. Las prendas más amplias dejan pasar mejor el aire cuando se está quieto o en actividades livianas al aire libre
En cambio, durante el ejercicio, un diseño más ceñido puede ayudar a que el sudor se evapore con mayor rapidez. Una remera deportiva ajustada puede funcionar mejor para entrenar, mientras que una prenda suelta puede ser más cómoda para tareas relajadas en casa o en el jardín
Algodón y poliéster no se comportan igual
La respuesta también depende de cuánto transpira cada persona y de qué actividad realiza. El algodón absorbe humedad, pero pierde rendimiento cuando se empapa. En ese punto, la prenda se vuelve más pesada y menos cómoda
Los materiales sintéticos pensados para uso deportivo, en cambio, pueden extender el sudor sobre una superficie mayor y secarse más rápido. Eso ayuda a sostener la evaporación durante más tiempo
El poliéster, si no está diseñado para ventilar bien, puede hacer que la humedad quede más cerca de la piel. Por eso conviene buscar versiones livianas, porosas y pensadas para favorecer la circulación del aire