El climatólogo ecuatoriano Raúl Cordero sostiene que el planeta en el que nació la generación actual ya no existe. La razón, explica, es que la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera es hoy un 50% mayor que hace poco más de un siglo, un cambio suficiente para alterar el clima durante décadas
Para el investigador, el problema no se resolverá en un horizonte previsible de la vida humana. El CO2 permanece en la atmósfera durante al menos un siglo, de modo que las emisiones de hoy seguirán influyendo en el clima mucho después de que quienes las generaron hayan muerto
Una epidemia de fenómenos extremos
Cordero advierte que el calentamiento global está elevando la frecuencia e intensidad de incendios, olas de calor, inundaciones y otros eventos extremos. Señala que lo que ocurre en Europa con los incendios también se ha visto en California, Australia y varios países de América Latina
Según su mirada, no se trata solo de una mala gestión forestal. Ese factor puede agravar los daños, pero el motor de fondo es la alteración de la composición de la atmósfera. Por eso, afirma, los mega incendios se vuelven más probables y más destructivos
Las olas de calor, el riesgo más letal
El científico subraya que las olas de calor son la expresión más mortal del calentamiento global. Aunque un aumento de uno o dos grados pueda parecer pequeño en los promedios, esos cambios esconden picos extremos de temperatura que golpean durante pocos días y elevan el riesgo de muerte, sobre todo en personas mayores
En ciudades como París, recuerda, la población estuvo expuesta recientemente a temperaturas muy por encima de los valores habituales. En mayores de 65 años sin acceso a aire acondicionado, el peligro de morir durante una ola de calor se duplica en días muy cálidos del verano
Por qué el norte se calienta más rápido
Cordero explica que el hemisferio norte se calienta casi al doble de rápido que el sur por una combinación de factores. Entre ellos, menciona que hay menos océano y más superficie continental, y que el suelo responde más rápido que el mar al aumento de radiación
A eso se suma el deshielo del Ártico. Cuando el hielo desaparece, queda expuesta una superficie más oscura que absorbe más calor y acelera el proceso. En la Antártica, en cambio, el hielo está sobre un continente y es mucho más grueso, por lo que el derretimiento avanza con mayor lentitud
El Niño y un escenario más duro
Sobre El Niño, el climatólogo recuerda que este fenómeno empuja la temperatura global al alza y altera el patrón de lluvias. Puede intensificar sequías en unas regiones y provocar precipitaciones abundantes en otras
En América Latina, advierte que el calentamiento global agrava esos impactos: seca más los suelos en las zonas afectadas por la falta de lluvias y aumenta la humedad de la atmósfera en áreas donde luego pueden producirse precipitaciones más intensas
Motivos de esperanza
Pese al diagnóstico severo, Cordero dice ser optimista. Considera que la transición energética avanza más rápido de lo que parecía posible hace una década y que varios países del sur global ya están incorporando renovables a gran escala
También destaca la adaptación: más tecnología, mejor capacidad de respuesta y mayor acceso a aire acondicionado en distintas regiones del mundo. En su visión, eso podría permitir que el calentamiento global pase a ser un problema más controlado en las próximas décadas
Aun así, remarca que no existe una “nueva normalidad” estable: lo que hay es un deterioro continuo. Y la única forma de frenarlo, insiste, es dejar de depender de los combustibles fósiles