El efectivo sigue presente en compras pequeñas y pagos habituales, y eso hace que un billete falso pueda pasar de mano en mano sin ser detectado al momento. El problema llega cuando quien lo recibe descubre que no es auténtico y decide qué hacer con él
En un vídeo difundido en redes, el jurista Francisco Rius lanza una advertencia que, según explica, mucha gente desconoce: recibir un billete falso de buena fe no es delito, pero volver a ponerlo en circulación cuando ya se sabe que es falso sí puede serlo
La clave está en el conocimiento
La norma penal castiga a quien recibe moneda falsa sin saberlo y, una vez advertida su falsedad, la utiliza o la distribuye de nuevo. En ese caso, la pena puede ir de tres a seis meses de prisión o de seis a 24 meses de multa. Si el valor aparente no supera los 400 euros, la sanción prevista es de multa de uno a tres meses
Rius resume la situación de forma directa: quien recibe un billete falso no puede deshacerse de él intentando colarlo en otra operación para recuperar el dinero. Si ya se conoce su origen fraudulento, hacerlo puede encajar en un delito
La tentación de “hacerse el tonto”
El jurista también advierte sobre la estrategia que algunos podrían intentar: usar el billete y, si son descubiertos, alegar que desconocían que era falso. Esa versión no siempre evita problemas si puede demostrarse que sí existía conocimiento de la falsedad
Por eso, ante la sospecha de que un billete no es auténtico, la recomendación es no entregarlo a otra persona y ponerlo a disposición de la Policía, de una entidad financiera o de una sucursal del Banco de España
Qué hacer con un billete sospechoso
Si el billete es examinado y resulta auténtico, se recupera su valor. Si se confirma que es falso, no puede canjearse y su importe se pierde
Para reducir riesgos, el Banco de España aconseja revisar los billetes con el método “toque, mire, gire” y compararlos, siempre que sea posible, con otro cuya autenticidad esté confirmada