Durante sus primeros regresos a la Argentina, Mónica lloraba cuando el avión comenzaba a sobrevolar la provincia de Buenos Aires. El paso del tiempo atenuó esa emoción, pero no modificó el vínculo con el país que dejó hace tres décadas

Hoy es ingeniera agrónoma, desarrolló su carrera en Estados Unidos y tiene la ciudadanía de ese país. Sin embargo, asegura que nunca dejó de sentirse argentina. Mientras se acerca su jubilación, analiza la posibilidad de volver, aunque sabe que el reencuentro podría ser distinto de lo que imagina

Una búsqueda que empezó con 50 cartas

Mónica tenía 27 años cuando decidió emigrar. Se había recibido de ingeniera agrónoma en la Universidad de Buenos Aires en 1996 y debía elegir entre comenzar su vida profesional en el campo o continuar su formación académica

Después de consultar a profesores y recibir advertencias sobre las dificultades que encontraría, investigó programas de posgrado en Estados Unidos en la Biblioteca del Centro Lincoln. Como no dominaba el inglés y no contaba con recursos suficientes, escribió a 50 universidades para consultar por becas, empleo y apoyo lingüístico

La mayoría le respondió con información sobre los costos y los requisitos de admisión. Dos opciones se destacaron: una institución de Utah le ofreció una ayuda parcial, mientras que una universidad de San Luis Obispo, California, le propuso combinar el máster con un trabajo de investigación agronómica

Ese empleo cubría 15.000 de los 20.000 dólares anuales que costaban sus estudios. Mónica aceptó y comenzó a preparar el viaje pese a la preocupación de su familia, la desconfianza de una amiga y el desaliento de algunos colegas

Un comienzo marcado por la incertidumbre

Llegó a Estados Unidos en julio de 1996, pero recién pudo comenzar la universidad un año después. Durante ese período se alojó en casas de conocidos, pidió dinero prestado y trabajó en una cosecha en Ohio

También debió salir del país y volver a ingresar porque su visa de turista había vencido antes de que estuvieran listos sus documentos definitivos. La espera, la falta de una rutina y el desconocimiento del idioma le provocaron ansiedad

Con el tiempo, la estabilidad académica y laboral le permitió ordenar su vida. El aprendizaje del inglés fue gradual y, según recuerda, también implicó recuperar la posibilidad de expresarse con naturalidad y mostrar su identidad

Entre los contrastes culturales que encontró, menciona la naturalidad con la que en California se aceptaba el consumo de marihuana, una costumbre que en la Argentina de los años noventa todavía estaba muy lejos de ser vista de ese modo

El apoyo que hizo posible su carrera

Durante los dos años del máster, el profesor que había facilitado su llegada cumplió con el compromiso de darle trabajo. Además, le consiguió pasantías para los veranos, lo que le permitió ahorrar, afrontar deudas y completar sus estudios

Una mujer que administraba una hostería también le ofreció algunas horas de trabajo en la recepción a cambio de alojamiento. Allí Mónica hizo amistades y encontró una red de apoyo en una etapa en la que las oportunidades profesionales eran escasas

Después del posgrado recibió ofertas de compañías vinculadas con el riego agrícola. Su primer empleador gestionó una visa de trabajo y, más tarde, una empresa semipública inició el trámite de su residencia con asistencia legal

La ingeniera reconoce que también atravesó situaciones de discriminación por ser mujer y latina en un sector dominado por hombres. Aun así, logró consolidar una trayectoria profesional y permanecer en Estados Unidos

Una ciudadanía que no cambió su identidad

Por conveniencia, Mónica decidió obtener la ciudadanía estadounidense. El proceso, sin embargo, le generó un conflicto personal: sentía que el trámite implicaba una renuncia simbólica a su nacionalidad de origen

No se arrepiente de la decisión, pero sostiene que el documento no modificó su manera de sentirse. “Estoy orgullosa de ser argentina y no me siento americana”, resume

El plan para probar una nueva vida en Argentina

Desde que emigró, volvió al país casi todos los años durante al menos tres semanas, con la excepción del período posterior a los atentados contra las Torres Gemelas. Esas visitas mantuvieron vivo el vínculo, aunque también reforzaron sus dudas sobre un regreso definitivo

Su idea es jubilarse dentro de dos años y pasar entre cinco y seis meses por año en la Argentina durante, al menos, tres años. Quiere comprobar cómo se siente en ambos lugares y descubrir dónde reconoce su verdadera idea de hogar

Mónica sabe que el país que dejó ya no existe tal como lo recuerda. También entiende que visitar durante algunas semanas no permite conocer la vida cotidiana de quienes permanecieron allí. Por eso prefiere ensayar una vuelta prolongada antes de tomar una decisión final

En San Justo imagina momentos sencillos junto a su madre: acompañarla a su restaurante preferido, mirar televisión, tomar mate en una plaza y compartir un asado. Su padre murió y ella quiere aprovechar el tiempo que le queda para estar cerca de su familia

En Estados Unidos tiene pareja, casa y una vida estable. Sin embargo, extraña la comunidad de argentinos de su generación y siente que ninguna actividad cotidiana reemplaza la conexión emocional que mantiene con su país

La decisión vuelve a generar críticas, como ocurrió cuando anunció su partida. Pero la experiencia de emigrar le dejó una certeza: incluso los proyectos que otros consideran imposibles pueden concretarse cuando confía en su propio esfuerzo