En Tambores, estudiar puede salir más práctico que delinquir: si alguien comete una infracción, por cuestiones de jurisdicción debe declarar en Paysandú, a unos 210 kilómetros al oeste. Esa rareza resume la vida de un municipio pequeño, con instituciones repartidas entre dos departamentos y una identidad compartida que no siempre encaja en un solo mapa

El territorio reúne a Piedra Sola, Arbolito y Tambores, la cabecera. Allí viven cerca de 2.000 personas, con una distribución aproximada de 65% en suelo sanducero y 35% en tierras tacuaremboenses. La división se siente en trámites, escuelas y gestiones administrativas, aunque en el día a día el pueblo funciona con naturalidad

Una historia marcada por la frontera

El origen de la zona remite a la antigua estancia de Yapeyú, en tiempos del Virreinato del Río de la Plata. Más tarde llegaron las postas de diligencias y el movimiento ganadero, hasta que la presencia de Antonio de Sousa Neto, figura ligada a la guerra de los Farrapos, dejó una huella decisiva en el reparto de tierras

También pesa el contexto de frontera. El norte uruguayo estuvo en disputa en varias oportunidades y el Rincón de Artigas sigue figurando como límite contestado. En ese escenario, Tambores quedó atravesado por historias de militarización, esclavitud y trabajo rural que alimentaron el imaginario local

El tren que ordenó el pueblo

La expansión ferroviaria fue clave para consolidar la comarca. Las vías permitieron sacar producción, impulsar comercios y dar forma al tejido urbano. A comienzos del siglo XX, el lugar ya era un punto central para el embarque de hacienda, lana y otras mercaderías

El correo también dependía de la estación, al punto de que algunas estancias reservaban habitaciones para los carteros. En mayo de 1901 llegó además la primera escuela de Tambores, trasladada en tren junto con mobiliario, materiales y el maestro. Ese mismo año pasó de dos alumnos a 44 estudiantes estables

Memoria oral, Gardel y la estación recuperada

La tradición local sostiene que Carlos Gardel bajó varias veces en Villa Tambores para visitar amigos estancieros. Ese relato convive con otras piezas del llamado uruguayismo gardeliano, como canciones, documentos y registros que refuerzan su vínculo con Tacuarembó

Tras la suspensión del servicio ferroviario en los años 80, la vieja estación quedó en desuso durante décadas. Más recientemente fue recuperada como Terminal Multimodal de Buses, con la idea de preservar el edificio y sumar valor turístico al pueblo

Ruralidad, agua y piedra

Hoy, la base de alojamiento es la posada Lo de Hilda, que recibe viajeros atraídos por la calma del lugar y por excursiones cercanas. A pocos kilómetros está Pozo Hondo, una olla de agua con una cascada de unos 15 metros, una de las postales naturales más destacadas de la zona

Más al sur aparece Arbolito, un poblado rural asociado a la tranquilidad y la historia tradicionalista. Y entre Tambores y Arbolito queda Piedra Sola, llamada así por una gran roca basáltica de la que se extrajo material para construir la estación del lugar. Allí también destaca la parroquia Inmaculada Concepción, levantada en 1920

Entre dos departamentos, con memoria ferroviaria, leyendas populares y paisaje de campo abierto, Tambores sostiene una identidad singular: pequeña en escala, pero cargada de historia