En el verano de 2002, Lorena viajó a Camboriú con sus amigas de Posadas, Misiones. Juan estaba allí con un grupo de amigos de Santo Tomé, Santa Fe. Ambos tenían poco más de 20 años y no imaginaban que aquellas vacaciones marcarían el comienzo de una historia que continúa hasta hoy
Una tarde, varios jóvenes se acercaron a conversar con las chicas. Juan no estaba entre ellos, pero más tarde se sumó al grupo. Esa noche volvieron a encontrarse para tomar algo. Después de caminar un rato, se sentaron en el cordón de una vereda y él le hizo una afirmación inesperada: “Vas a ser la madre de mis hijos”. Lorena se rio, aunque nunca olvidó esas palabras
Una búsqueda inesperada en Bombas
Durante los tres días siguientes compartieron playa y algunas salidas nocturnas, sin que la relación avanzara demasiado. Al cuarto día, Lorena le contó a Juan que viajaría con sus amigas a Bombas, otra playa ubicada a más de 40 kilómetros
Tras despedirse, intercambiaron sus teléfonos fijos y prometieron mantenerse en contacto. Lorena, sin embargo, dudaba de que aquel compromiso se concretara
Al segundo día en Bombas, una de sus amigas divisó a Juan caminando por la playa. Había llegado desde Camboriú para encontrarla y, según Lorena, recorrió el lugar tres veces hasta dar con ella
Desde entonces, Juan tomaba el primer colectivo hacia Bombas, pasaba el día con Lorena y regresaba en el último servicio. Las jornadas transcurrían entre caminatas y bares. Para ella, era un amor de verano que probablemente terminaría cuando ambos regresaran a sus ciudades
Cinco años entre viajes, llamadas y despedidas
Cuando Lorena volvió a Posadas, les contó a sus familiares que había conocido a un joven de otra provincia. Poco después, Juan la llamó y comenzó a comunicarse con ella cada vez que podía
El 14 de febrero de 2002, Lorena lo esperó en la terminal de ómnibus. Minutos después, Juan conoció a su familia, que lo recibió alrededor de una larga mesa y le hizo varias preguntas sobre su vida, sus estudios y su trabajo
Durante los cinco años siguientes, ambos viajaron para verse. Los pasajes, las llamadas y el acceso a internet implicaban un esfuerzo económico importante. Además, la distancia alimentaba los celos y la desconfianza, una situación que con el tiempo se volvió difícil de sostener
El punto de inflexión llegó durante un viaje por Misiones. Juan le pidió prestado el auto a la madre de Lorena y juntos recorrieron la ruta hasta las Cataratas, deteniéndose en distintos pueblos. En ese trayecto entendieron que querían construir una vida juntos y que ya no podían continuar con aquella dinámica
El cambio de ciudad y una nueva etapa
Lorena estudiaba en la facultad, mientras Juan ya tenía un trabajo estable en Santa Fe. Finalmente, ella dejó su ciudad para mudarse con él. El comienzo fue difícil: tuvo que adaptarse a nuevas costumbres, a otra forma de hablar y a situaciones en las que se sintió discriminada por sus orígenes
Con el tiempo, pidió el traslado de sus estudios, comenzó a trabajar y, con el apoyo de sus suegros, pudo instalarse junto a Juan. La pareja se casó el 25 de marzo de 2006, en Santo Tomé. Para la celebración, familiares y amigos viajaron en dos colectivos alquilados y varios autos
Una familia construida pese a las dificultades
El camino hacia la familia que soñaban también tuvo momentos complejos. Lorena atravesó dos embarazos complicados y recibió un diagnóstico de trombofilia. Julián, el menor de sus hijos, nació luego de un proceso que incluyó inyecciones de heparina y coincidió con el duelo por la muerte del padre de Juan
En esos años, el acompañamiento de su madre y de su suegra fue fundamental. Para Lorena, cuando aparecen las dificultades, recordar los comienzos de la relación les permite recuperar la fuerza y valorar todo lo que construyeron
La escena de aquella noche en Camboriú sigue presente para ambos. También la comparten con sus dos hijos, a quienes les cuentan que allí comenzó todo
“No fue fácil nada, tuvimos nuestros desencuentros, pero tratamos de salir adelante en cada ocasión”, reflexiona Lorena. Después de casi un cuarto de siglo, sostiene que su historia le confirmó que el amor puede superar los kilómetros cuando existe voluntad de estar junto a la persona elegida