Hace doce años, Tomás Ballesté García dejó la ciudad para instalarse en Solanell, un antiguo pueblo del Pirineo catalán que durante años estuvo casi deshabitado. Hoy, con 64 años, es su único residente permanente
Su decisión no fue inmediata. Antes de llegar al pueblo, trabajaba en una empresa, pero un accidente le cambió la vida: perdió la visión de un ojo y, según cuenta, la compañía decidió prescindir de él. Después se mudó a Girona, cerca de su hija, mientras buscaba una nueva salida
Fue entonces cuando su hermano le habló de un proyecto para recuperar un núcleo en ruinas. La primera visita no lo convenció. Sin embargo, con el tiempo volvió a pensarlo y terminó aceptando el desafío
Ballesté llegó a Solanell a los 52 años. Desde entonces, asegura que no se arrepintió nunca. Vive con una pensión contributiva de 480 euros mensuales y algunos trabajos ocasionales, pero sostiene que allí gasta poco y vive con más libertad
Para él, el valor del lugar no está en el dinero sino en la calma. Dice que la soledad no lo aísla, sino que le permite pensar con claridad. “Es una soledad querida”, resume. También aclara que mantiene contacto frecuente con su hija, amigos y personas que lo visitan o lo llaman
Cuando necesita moverse, baja a localidades cercanas como La Seu d’Urgell o Andorra. Aun así, siempre regresa a Solanell, donde dice haber encontrado equilibrio
Con los años, no solo restauró la casa donde vive. También se interesó por la historia del antiguo condado de Castellbò y del propio pueblo, cuya existencia se remonta al siglo VIII. Ese proceso cambió su mirada sobre el lugar y sobre las ruinas que lo rodean
Hoy participa en iniciativas para recuperar el patrimonio y defiende la llegada de nuevos habitantes que quieran instalarse de forma estable. Desde su experiencia, cree que la vida cotidiana suele complicarse más de lo necesario
Ballesté resume su visión con una idea simple: la felicidad, dice, está en poder vivir con tranquilidad, en contacto con el entorno y sin perder de vista lo esencial. Y, desde su rincón en las montañas, asegura que nadie le quitará esa convicción