La ofensiva judicial de Donald Trump contra los medios de comunicación ya no avanza con la misma facilidad que en sus primeros choques con ABC y CBS. En varios frentes, jueces, fiscales y organizaciones periodísticas han empezado a poner límites a sus intentos de presión
Más fricción en los tribunales
A fines de julio, el Departamento de Justicia retiró las citaciones contra periodistas del New York Times que habían publicado notas sobre la seguridad del nuevo avión presidencial. La decisión llegó después de que un juez federal cuestionara el trabajo legal del gobierno y concluyera que se habían vulnerado protecciones para reporteros y sus fuentes
Al mismo tiempo, dos demandas por difamación presentadas por Trump siguen con dificultades: una contra el New York Times, por artículos y un libro sobre el origen de su fortuna, y otra contra el Wall Street Journal, por una nota vinculada a una carta dirigida a Jeffrey Epstein
Acuerdos millonarios, pero sin blindaje
Los casos de ABC y CBS cerraron con pagos de 15 millones y 16 millones de dólares, respectivamente. Trump había demandado a ABC por declaraciones sobre una sentencia civil en su contra en un caso de agresión sexual, y a CBS por la edición de una entrevista con Kamala Harris
Pero esos acuerdos no garantizan protección futura. ABC quedó expuesta a nuevos conflictos regulatorios tras sostener a Jimmy Kimmel y no transmitir en directo un discurso de Trump sobre supuestos fraudes electorales
Presión económica como estrategia
En otro frente, la BBC enfrenta una demanda de 10.000 millones de dólares por un presunto montaje engañoso de uno de los discursos de Trump. Según expertos, su estrategia podría extenderse: exigir documentación financiera para medir los daños y elevar el costo del litigio
Para analistas legales, el objetivo de Trump no pasa necesariamente por ganar todos los juicios. La clave estaría en desgastar, intimidar y forzar arreglos que impliquen pagos y tiempo
Un debate más amplio
La preocupación mayor, advierten algunos especialistas, es que este clima derive en un intento de debilitar la doctrina de la Corte Suprema que limita las demandas por difamación contra figuras públicas. Por ahora, no ven señales de que ese giro esté cerca
Con un tribunal superior de mayoría conservadora y tres jueces designados por Trump, la disputa promete seguir marcando el pulso entre el poder político y la prensa en Estados Unidos