Donald Trump ha alternado en los últimos meses entre amenazas militares de alto voltaje y retrocesos casi inmediatos en su postura frente a Irán. Desde que estalló el conflicto el 28 de febrero, sus mensajes han combinado advertencias sobre bombardeos, elogios puntuales a nuevos líderes iraníes y acusaciones cada vez más duras

El patrón se repitió varias veces: primero lanzaba una amenaza, luego la atenuaba al hablar de negociaciones, y después volvía a subir el tono cuando las conversaciones se estancaban

De la amenaza directa al aplazamiento

El 21 de marzo, Trump advirtió que Estados Unidos destruiría plantas de energía iraníes si Teherán no abría el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas. Dos días más tarde extendió ese plazo, primero cinco días y luego diez más, aludiendo a conversaciones que calificó de productivas

Cuando la prórroga estaba por vencer, el 5 de abril, publicó un mensaje mucho más agresivo en el que exigió la reapertura del estrecho y endureció el tono contra Irán

Mensajes extremos y correcciones rápidas

El 7 de abril afirmó que “toda una civilización” podría desaparecer esa noche, una frase interpretada como una amenaza de aniquilación. Horas después, sin embargo, dijo que aceptaba suspender bombardeos y ataques por dos semanas, en el marco de una propuesta de tregua impulsada por mediadores

La secuencia se repitió el 11 de junio: primero sostuvo que Estados Unidos atacaría a Irán esa misma noche y luego aseguró, cinco horas más tarde, que había cancelado los bombardeos programados por avances en las negociaciones

Junio de tregua, julio de nueva escalada

En ese mes se firmó un acuerdo provisional para frenar los combates, pero la calma duró poco. Un mes después, el conflicto volvió a escalar: Irán atacó instalaciones estadounidenses en Oriente Medio y Washington respondió con bombardeos sobre defensas costeras iraníes, además de incluir puentes e infraestructura entre sus objetivos

Ya a fines de julio, Trump volvió a endurecer el discurso al decir ante su gabinete que golpearían a Irán con fuerza. El 1 de agosto afirmó que Irán y otros países de la región habían pedido aplazar cualquier ataque y sostuvo que los parámetros de un acuerdo ya habían sido aceptados, algo que Teherán negó de forma tajante