Durante años, frente a ciertos tumores o metástasis en el hígado, la cirugía parecía la única salida. Hoy, en casos cuidadosamente seleccionados, una aguja que entra por la piel y destruye la lesión con calor puede lograr resultados oncológicos comparables, con menos complicaciones y una recuperación más veloz

La guía ya no es el bisturí

El intervencionismo oncológico trabaja con imágenes en tiempo real para llegar al tumor sin abrir al paciente. Puede hacerlo a través de la piel o por el interior de arterias y venas, con catéteres guiados por angiografía, tomografía y ecografía

La termoablación es una de sus herramientas centrales. Consiste en introducir una antena hasta el interior del nódulo y aplicar calor para destruirlo, incluyendo un pequeño margen de tejido alrededor. El procedimiento suele durar entre cinco y doce minutos, según el tamaño del área tratada

La evidencia que cambió el escenario

El impulso más fuerte llegó con nueva evidencia sobre metástasis hepáticas de cáncer colorrectal. El ensayo fase III Collision mostró en 2024 que, en pacientes seleccionados con lesiones pequeñas, de hasta 3 centímetros, la ablación térmica no comprometía la supervivencia frente a la cirugía y además reducía los eventos adversos y la duración de la internación

Ese resultado consolidó un cambio de paradigma: para determinados pacientes, ya no es obligatorio pasar por una operación convencional para tratar algunas metástasis hepáticas

Decisiones en equipo y casos combinados

La indicación no la toma una sola persona. Cirujanos, oncólogos, anatomopatólogos, genetistas, especialistas en imágenes e intervencionistas evalúan cada caso en conjunto para decidir la mejor estrategia

No todos los tumores se benefician del mismo abordaje. Las lesiones periféricas del hígado pueden resolverse mejor con cirugía, mientras que las más profundas o centrales suelen favorecer la ablación. Muchas veces ambos métodos se combinan: el cirujano aborda unas lesiones y el intervencionista trata otras

Una ventaja de estas técnicas es que preservan la mayor cantidad posible de tejido sano. Eso importa especialmente en órganos como el pulmón, donde una cirugía implica retirar parénquima funcional y la ablación apunta a destruir solo el nódulo y su margen inmediato

Más allá del cáncer

La emboloterapia permite bloquear de manera selectiva la circulación de un órgano o de una zona precisa. En el hígado, puede utilizarse antes de una cirugía para hacer crecer la parte sana del órgano cuando la zona a retirar es extensa y el remanente sería insuficiente

También tiene usos fuera de la oncología, como la hiperplasia prostática benigna, los miomas uterinos y algunos casos de artrosis de rodilla. Es una disciplina que siempre trabaja integrada con otras especialidades y suele llegar al paciente por derivación o por discusión en comités multidisciplinarios

La próxima frontera: robots para mayor precisión

La siguiente etapa apunta a la ablación robótica. Estos sistemas no reemplazan al médico, pero calculan con precisión el punto de entrada, el ángulo y la trayectoria para llegar al centro de la lesión

La meta es ganar exactitud, ahorrar tiempo y planificar mejor trayectorias tridimensionales, sobre todo cuando hay varios nódulos. El objetivo final sigue siendo el mismo: llegar exactamente al lugar que hay que tratar y conservar la mayor cantidad posible de tejido sano