Helen Legido Quigley, especialista en sistemas de salud del Imperial College London y del George Institute for Global Health, presentó en Nueva York los resultados de una investigación internacional que analizó las vulnerabilidades surgidas durante la pandemia de Covid-19

El trabajo se desarrolló durante tres años y reunió a más de 800 especialistas de distintas disciplinas. El objetivo fue identificar qué grupos enfrentaron mayores dificultades y elaborar respuestas aplicables ante una eventual emergencia sanitaria de escala global

Una mirada que combina salud y protección social

El informe, denominado PRIME, propone evaluar la preparación ante pandemias con una perspectiva integral. Además de los planes de emergencia, los laboratorios, las vacunas y los sistemas de vigilancia, plantea considerar la vivienda, el empleo, la conectividad, la protección social y la participación comunitaria

Según Legido Quigley, una sociedad no está preparada solo porque cuenta con protocolos. La verdadera preparación se verifica cuando la población puede protegerse en la práctica y cuando existe coordinación entre los sistemas de salud, los gobiernos, las organizaciones sociales y las comunidades

La investigación priorizó la escucha directa de sectores que suelen quedar fuera de las evaluaciones tradicionales. Entre ellos se incluyeron personas mayores, migrantes, comunidades indígenas y racializadas, personas con discapacidad, mujeres, personas de género diverso, trabajadores informales y habitantes de zonas rurales o alejadas

Una de las principales conclusiones fue que, más que individuos vulnerables, existen sistemas que producen y trasladan vulnerabilidades hacia las personas

Los grupos más afectados en cada país

El estudio identificó realidades diferentes según el territorio. En China se analizaron residentes mayores de zonas frías; en Inglaterra, familias que perdieron integrantes durante la pandemia; y en Etiopía, personas desplazadas y comunidades afectadas por sequías

También se incluyó a personas expuestas simultáneamente al Covid-19 y a fenómenos climáticos extremos en India, personas sin vivienda en Indonesia, y mujeres que trabajan en los llamados “snack bars mama” de Japón

El relevamiento abordó además a jóvenes de entre 18 y 24 años en Eslovenia, profesionales de la salud en un contexto de crisis en Líbano, comunidades indígenas en México y mujeres de distintas edades en Mozambique

En Noruega se estudiaron poblaciones LGBTIQ+; en Perú, trabajadoras domésticas; en Singapur, personas mayores; en España, trabajadores agrícolas migrantes; y en Tanzania, trabajadores sanitarios y personas mayores

El listado se completó con personas con discapacidad en Tailandia, trabajadores de la salud en Turquía, personas sin vivienda en Uruguay y trabajadores agrícolas migrantes y grupos étnicamente minorizados en Estados Unidos

La Argentina no formó parte de la investigación. La especialista explicó que la decisión respondió a motivos prácticos y no políticos. En América Latina participaron México, Perú y Uruguay, seleccionados junto con países de otras regiones para representar distintas realidades culturales y sociales

Exclusión, hacinamiento y pérdida de confianza

Entre los problemas más repetidos aparecieron las barreras administrativas, la inseguridad económica y la imposibilidad de cumplir con las restricciones por la necesidad de trabajar o conseguir alimentos

El hacinamiento también dificultó el aislamiento de las personas enfermas. A esto se sumaron la falta de conexión a internet, la distancia hasta los centros sanitarios y las dificultades para acceder a información confiable

La pérdida de confianza en los gobiernos, las instituciones y los mensajes oficiales fue otro de los obstáculos centrales. Para la investigación, reconstruir esa confianza será indispensable ante futuras emergencias

Qué probabilidad existe de otra pandemia

Legido Quigley sostuvo que las condiciones para una nueva pandemia están dadas, aunque no es posible anticipar cuándo ocurrirá. Modelos sobre pandemias respiratorias provocadas por virus de influenza o coronavirus estiman una probabilidad anual cercana al 3% de que se produzca un evento capaz de causar al menos 25 millones de muertes

La estimación acumulada a diez años llega al 23%, aunque los propios modelos tienen un margen considerable de incertidumbre. Por eso, las cifras deben utilizarse para dimensionar el riesgo y no como una predicción exacta

Vacunas, cooperación y decisiones públicas

El informe plantea como próximo paso vincular a representantes de las comunidades con quienes diseñan políticas. Para facilitar ese intercambio se creó el “PRIME test”, una herramienta destinada a que los funcionarios evalúen si sus decisiones protegen a toda la población, reducen las desigualdades y generan confianza

El cuestionario también propone analizar los efectos de cada medida sobre el trabajo, la vivienda y la educación

La investigación comparó dos escenarios: uno basado en decisiones individuales de cada país y otro sustentado en la cooperación internacional. En una hipotética pandemia de gripe A, acelerar la producción de vacunas podría reducir la mortalidad en un 59%, de 58,5 millones a 23,9 millones de personas, incluso si las naciones más ricas recibieran primero las dosis

Una distribución equitativa permitiría evitar otros 2,7 millones de muertes, mientras que recuperar la confianza pública en la vacunación podría sumar 1,9 millones de vidas salvadas

La conclusión central es que el impacto de una futura pandemia no dependerá únicamente de la velocidad de los avances científicos. También será decisivo quiénes accedan a las vacunas, en qué momento y con qué grado de cooperación entre los países