Jeff Layfield, estadounidense de 67 años, y su esposa Mamiko, nacida en Nara, cambiaron Hawái por Suo-Oshima, en Japón, en agosto de 2022. Allí compraron una casa frente al mar por cuatro millones de yenes, unos US$25.000
La idea nació años antes
Antes de jubilarse, la pareja vivía en el departamento superior de la casa de los padres de Jeff, en Oahu. Él trabajaba en gestión de datos para el Cuerpo de Marines y ella en el comercio minorista
Durante sus viajes a Nara, donde Mamiko visitaba a su madre, solían aprovechar para conocer otras zonas del país. En 2018 llegaron a Asuka y Jeff quedó impactado por el paisaje. Desde entonces imaginó retirarse allí
La decisión se aceleró en 2022, después de varios episodios personales: un susto por cáncer de piel, un ataque de tiburón mientras surfeaba, la muerte de su padrastro y el regreso obligatorio a la oficina tras el fin del teletrabajo. Para él, todo eso dejó una conclusión clara: la vida puede cambiar rápido. Al día siguiente anunció su retiro
La casa apareció en una búsqueda improbable
Ya jubilados, Jeff y Mamiko buscaron un lugar para instalarse y se enfocaron en Seto, por su clima más templado y un menor riesgo de desastres naturales. Revisaron bancos de akiya, plataformas con viviendas vacías y económicas, hasta que un anuncio llamó su atención por el reflejo de un puente verde visible desde una ventana
Ese puente era el Oshima, que une Honshu con Suo-Oshima, en la prefectura de Yamaguchi. La relación histórica de la isla con Hawái, adonde emigraron muchos japoneses a fines del siglo XIX, terminó de convencerlos de seguir investigando
Viajar a la isla les confirmó la intuición. La propiedad estaba a poco más de una hora y media en auto desde Hiroshima. En la oficina municipal los recibieron con camisas aloha y decoración inspirada en Hawái
Una vista que cambió todo
La vivienda tiene unos 30 años, dos plantas y no necesitó reformas importantes. Los dormitorios están arriba y miran al mar, lo que les permite ver el atardecer desde la habitación
Jeff había pensado en vivir cerca de un lago o un río, pero encontró algo mejor: el océano al frente. También destacó que la zona tiene comercios y restaurantes a corta distancia en auto
La pareja se integró rápido a la comunidad. Participa en limpiezas barriales y en actividades locales. Jeff dijo que nunca habría podido comprar una casa con vista al mar en Hawái y que, en gran parte de Estados Unidos, solo habría accedido a una vivienda propia en zonas muy rurales
En su adaptación cotidiana, contó que habla algo de japonés y que el proceso fue más simple de lo previsto. Muchos jóvenes de la isla hablan inglés, especialmente quienes trabajan en hotelería, y los vecinos mayores los recibieron con amabilidad
Layfield aseguró que hizo más amigos en cuatro años en Suo-Oshima que en más de dos décadas en Hawái. El vínculo con su antiguo hogar sigue vivo: varios vecinos tienen familiares allí y, cuando vuelven, Jeff y Mamiko colaboran con traducciones