Las marismas de la Mesopotamia, un conjunto de humedales integrado por Hammar, Central y Hawizeh, sobreviven en el sur de Irak como una reserva vital en medio del desierto. Durante décadas, ese sistema natural retuvo el agua del deshielo y sostuvo a aves, peces, cultivos y comunidades enteras

Una venganza que secó el agua

En 1991, el régimen de Saddam Hussein desvió el curso de ríos y canales para impedir que el agua llegara a los pantanos. La maniobra buscaba castigar a los árabes de las marismas, una población que había participado en rebeliones contra el gobierno

El resultado fue devastador: el ecosistema colapsó y la población local pasó de unas 250.000 personas a cerca de 40.000 en su tierra ancestral, entre detenciones, desplazamientos forzados y asesinatos

El regreso del agua

La caída del régimen en 2003 abrió una etapa distinta. Las propias comunidades destruyeron diques, compuertas y represas para dejar entrar otra vez el agua. En 2004 y 2005, grandes áreas volvieron a inundarse y, para 2006, se había recuperado alrededor del 39% de la extensión original. La vegetación y la fauna nativas empezaron a regresar

Entre 2007 y 2017, la recuperación se sostuvo con relativa estabilidad. También volvieron muchas familias de los árabes de las marismas y el Estado impulsó proyectos de asentamiento, entre ellos la creación de islas artificiales con el dragado de lodo

Una recuperación frágil

La sequía de 2018 marcó un nuevo golpe. Bajaron los niveles de agua, se multiplicaron los incendios en la vegetación y avanzó una intrusión salina que penetró cientos de kilómetros tierra adentro por el Shatt al-Arab. Esa salinización arrasó cultivos y provocó una mortandad masiva de peces

Los registros satelitales mostraron cierta recuperación entre 2019 y 2020, pero el suelo y la vegetación quedaron debilitados. En 2021, la superficie cubierta por agua ya era 30% menor que la del año anterior, por la falta de lluvias y la retención de caudales en presas río arriba. Ese mismo verano, un incendio quemó 26 kilómetros cuadrados en Hawizeh

Amenazas simultáneas

Hoy, las marismas enfrentan una presión múltiple: aguas residuales sin tratamiento, contaminación vinculada a la industria petrolera, quema de gas y temperaturas cada vez más extremas. El oasis que alguna vez sostuvo vida en un entorno hostil vuelve a depender de un equilibrio cada vez más inestable