En el mercado residencial de alta gama, las unidades con vistas abiertas ganaron peso y se volvieron cada vez más escasas. El río, los grandes espacios verdes y el skyline urbano no solo agregan atractivo: también pueden mover con fuerza el precio final
La ubicación, la altura y la orientación siguen siendo variables centrales, pero la demanda por departamentos con una perspectiva despejada profundizó la brecha frente a opciones similares sin ese diferencial
Qué vista vale más
La apertura hacia el agua encabeza el ranking de preferencias. Luego aparecen las vistas a parques o grandes pulmones verdes, y más atrás el skyline, que también cotiza bien, sobre todo en pisos altos y edificios de categoría
En Buenos Aires, ese tipo de panoramas son limitados. La costa es acotada y la ciudad tuvo históricamente una relación lejana con el río, por lo que las unidades con vista franca y permanente son especialmente difíciles de conseguir
Cuánto puede subir el precio
No existe un porcentaje único, porque el impacto depende del proyecto, la altura, la orientación y, sobre todo, de que la vista esté garantizada en el tiempo
Aun así, en propiedades comparables, una buena vista puede añadir entre 10% y 20% al valor. En productos premium excepcionales, con panorámicas únicas al río o a un gran espacio verde, la diferencia puede ser incluso mayor
En desarrollos de alta categoría, especialmente en zonas como Puerto Madero, Palermo Nuevo, Núñez y Belgrano, la combinación de vistas abiertas con amenities superiores amplía todavía más esa brecha
Un atributo escaso
La clave está en que el comprador de este segmento ya no busca solo metros cuadrados. También valora luz, amplitud, privacidad y paisaje
Cuando una unidad reúne esos atributos con una vista irrepetible, pasa a ser un producto escaso. Y esa escasez, que no se puede reproducir ni ampliar, termina reflejándose en el precio
Por eso, los departamentos con vista al río, a parques o al skyline se consolidaron como algunos de los activos más codiciados del mercado premium porteño