Con marcas de abandono todavía a la vista, el Palacio Molina atraviesa el inicio de una transformación decisiva en Barracas. El antiguo edificio industrial, ligado a la historia de la ex fábrica Alpargatas, conserva su escala monumental de fines del siglo XIX, pero también arrastra vidrios rotos, techos dañados, vigas deformadas y pisos castigados por la humedad
La recuperación ya está en marcha y tiene un primer hito en el calendario: el 1 de octubre abrirá allí la 41.ª edición de Casa FOA, que se extenderá hasta el 1 de noviembre. La muestra de arquitectura, interiorismo y paisajismo funcionará como carta de presentación de un predio de 5.700 metros cuadrados que busca recuperar su identidad sin borrar las huellas de su pasado fabril
Una obra que convive con el deterioro
Durante la recorrida por el edificio, el contraste es evidente. En el terreno todavía hay vegetación seca, charcos y sectores expuestos al riesgo de inundación después de las lluvias. Al mismo tiempo, ya se avanza en la restauración de pisos, carpinterías y muros para devolverle vida a un conjunto que estuvo décadas en silencio
La parte más antigua, levantada en ladrillo a fines del siglo XIX por Robert Fraser y Juan Echegaray, conserva buena parte de su estructura original. Las ampliaciones posteriores introdujeron otro lenguaje constructivo, dominado por el hormigón. La intervención actual busca trabajar sobre esa superposición de épocas sin borrar su carácter
Diseño para respetar la memoria
La premisa para los 42 espacios de la muestra es clara: poner en valor el patrimonio y, al mismo tiempo, aceptar ciertas marcas del tiempo. Las grietas, las superficies desgastadas y algunos rastros del abandono quedarán a la vista como parte de la identidad del lugar
Entre las propuestas previstas habrá cocinas, bibliotecas, estudios, cafetería, baños públicos, monoambientes, áreas de bienestar y auditorios. También se sumarán instalaciones pensadas para explorar nuevas formas de habitar y recorrer la arquitectura
Uno de los proyectos más particulares será una Sala de Escucha, diseñada para proponer recorridos, murales y situaciones espaciales orientadas al encuentro. Otra intervención trabajará sobre un techo muy deteriorado, con la intención de rescatar capas previas, reforzar vigas abiertas y limpiar la madera original sin perder la profundidad que generan sus sucesivas estructuras
De fábrica emblemática a nuevo barrio
El edificio todavía conserva elementos que remiten a su pasado: una gran puerta de madera, adoquines originales y dos esculturas de caballos que recibieron a los primeros visitantes del sector. En ese mismo paisaje también sobreviven las referencias a una etapa en la que miles de trabajadores producían millones de alpargatas de lona
La exposición será apenas el comienzo. Cuando termine Casa FOA, el predio dará paso a un desarrollo de usos mixtos impulsado por GES Desarrollos, con una inversión estimada en US$ 100 millones. El plan incluye lofts residenciales, oficinas, 7.000 metros cuadrados de amenities y un polo gastronómico
El Palacio Molina, asociado también a la familia que dio nombre al conjunto, vuelve así al centro de la escena urbana de Barracas. Después de tres décadas de abandono, empieza otra cuenta regresiva: la de su regreso como pieza clave en la reinvención del antiguo paisaje industrial porteño