El 5 de septiembre de 1997 murió en Calcuta, a los 87 años, Teresa de Calcuta, una de las figuras religiosas y humanitarias más influyentes del siglo XX. Su vida quedó asociada a la atención de enfermos, moribundos, huérfanos y personas en situación de extrema pobreza
De Skopie a Calcuta
Nacida el 26 de agosto de 1910 como Agnes Gonxha Bojaxhiu en Uskub, hoy Skopie, en Macedonia del Norte, creció en una familia albanesa católica. Muy joven sintió la vocación religiosa y, a los 18 años, dejó su hogar para ingresar en las Hermanas de Loreto en Irlanda, donde tomó el nombre de Teresa
Más tarde fue enviada a Calcuta, donde enseñó durante años en el colegio Saint Mary. Sin embargo, su camino cambió en 1946, cuando vivió lo que describió como una "llamada dentro de la llamada" durante un viaje en tren a Darjeeling
La decisión de salir a las calles
Tras esa experiencia, pidió permiso para dejar la vida conventual y dedicarse por completo a los más pobres. En 1948 comenzó su labor en las calles con un sari blanco de bordes azules y muy pocos recursos. Poco después abrió una escuela al aire libre y empezó a asistir a enfermos en los barrios más golpeados por la miseria
En 1950 se aprobó la congregación de las Misioneras de la Caridad, que con el tiempo creó hogares, comedores y centros de atención en distintos países. Uno de los espacios más conocidos fue Nirmal Hriday, pensado para acompañar a quienes morían abandonados
Una obra que cruzó fronteras
Su trabajo se expandió por varios continentes y llegó a atender a personas con VIH, huérfanos y víctimas de desastres. En 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz. Rechazó el banquete oficial y pidió que esos fondos se destinaran a alimentar a personas necesitadas
También visitó Argentina en 1979 y promovió comunidades de su congregación en el país, entre ellas en San Francisco Solano y La Cava, en San Isidro
Reconocimiento y legado
Teresa de Calcuta murió en 1997. Recibió un funeral de Estado en la India y fue beatificada en 2003. En 2016, el papa Francisco la canonizó como Santa Teresa de Calcuta
Hoy, las Misioneras de la Caridad continúan su labor en decenas de países. Su figura quedó ligada a una idea simple y exigente: mirar el sufrimiento ajeno y responder con ayuda concreta