El 25 de agosto de 1986, Paul Simon lanzó Graceland, un disco que lo rescató de un traspié comercial y al mismo tiempo lo convirtió en una figura central de una de las discusiones más intensas de la música popular del siglo XX

Cuatro décadas más tarde, el álbum sigue siendo admirado por su audacia sonora y cuestionado por el contexto en que nació: la Sudáfrica del apartheid, donde Simon decidió grabar con músicos locales pese al boicot impulsado contra el régimen segregacionista

Un viaje que empezó con una cinta

Todo comenzó cuando la cantautora Heidi Berg le llevó una casete con música callejera sudafricana. Simon quedó fascinado con esos ritmos de mbaqanga township, viajó a Johannesburgo en febrero de 1985 y se instaló en Ovation Studios junto a su productor Roy Halee

Sin canciones terminadas, grabó largas sesiones con músicos como Ray Phiri, Bakithi Kumalo y Vusi Khumalo. De esas bases surgieron los esqueletos de temas como “The Boy in the Bubble”, “You Can Call Me Al” y “Diamonds on the Soles of Her Shoes”

El impulso también era personal. Simon venía de años difíciles: Hearts and Bones había vendido muy poco, su carrera era vista como estancada y su matrimonio con Carrie Fisher se había quebrado. La música sudafricana le ofreció una salida artística y una nueva forma de volver a escribir canciones

La polémica política

El problema era el momento histórico. Sudáfrica vivía bajo un régimen represivo y la ONU había pedido boicotear al país. Simon ignoró esa advertencia y también las objeciones de quienes le sugerían consultar antes al Congreso Nacional Africano

Su defensa fue siempre la misma: no actuó para públicos segregados, no cobró dinero del gobierno sudafricano y trabajó con músicos negros a los que pagó tarifas muy superiores a las habituales. Aun así, las críticas fueron severas

Jerry Dammers, de The Specials, lo acusó de debilitar la solidaridad contra el apartheid. Steven Van Zandt también cuestionó su decisión. El Congreso Nacional Africano llegó a declararlo persona non grata. La presencia de Linda Ronstadt, que había actuado en Sun City, sumó otra capa de controversia

Un disco hecho por capas

Después de las sesiones en Johannesburgo, Simon y Halee continuaron el trabajo en Nueva York, Londres y Los Ángeles. Allí se sumaron Ladysmith Black Mambazo, los Everly Brothers, Good Rockin’ Dopsie and the Twisters y Los Lobos

El método fue inverso al habitual: primero se construyeron las bases rítmicas y armónicas, luego se editaron y recién después se añadieron letras y melodías. El resultado fue una mezcla nítida y expansiva de mbaqanga, isicathamiya, folk, rock, zydeco y pop chicano

Ladysmith Black Mambazo quedó asociado para siempre al disco con “Homeless” y “Diamonds on the Soles of Her Shoes”. Joseph Shabalala figura como coautor en ambos temas. Forere Motloheloa también fue acreditado en “The Boy in the Bubble”

El punto más delicado apareció con Los Lobos, que participaron en “All Around the World or the Myth of Fingerprints” y después dijeron haber esperado un crédito compartido. En la edición final, el único autor consignado fue Simon

Éxito, legado y una duda que no se cierra

Graceland vendió más de 16 millones de copias, obtuvo el Grammy a Álbum del Año en 1987 y abrió una puerta decisiva para la circulación internacional de la música africana. Hugh Masekela y Miriam Makeba incluso se sumaron a la gira de presentación

Con los años, algunas lecturas se matizaron. Ray Phiri llegó a decir que la relación había beneficiado a ambos lados. Paul Simon también se reunió después con Dali Tambo, hijo de Oliver Tambo, en un encuentro que terminó con disculpas mutuas

La discusión, sin embargo, sigue viva: para unos fue colaboración; para otros, una forma desigual de apropiación. Lo indiscutible es que el disco alteró el mapa del pop y dejó canciones que siguen sonando con la misma fuerza que en 1986