La comunidad judía en Estados Unidos alcanzó durante décadas una posición de influencia, respeto y visibilidad que también marcó un estándar para otras diásporas. Pero el escenario cambió con la invasión del 7 de octubre de 2023 y la guerra que siguió en Gaza, junto con una ola global de hostilidad contra los judíos
En ese contexto, el autor sostiene que la reacción en EE.UU. fue tardía y que la violencia callejera, el hostigamiento en universidades y el aumento de ataques de odio expusieron una nueva normalidad difícil de asumir
El giro político en Washington
La preocupación central está hoy en el plano político. Según este enfoque, el Partido Demócrata atraviesa una transformación interna que debilita su antiguo respaldo a Israel y deja espacio para candidaturas cada vez más críticas, e incluso abiertamente hostiles, hacia el Estado judío y hacia la comunidad judía estadounidense
A eso se suma un cambio de clima en la opinión pública y la posibilidad de que un eventual candidato republicano como JD Vance impulse una línea aislacionista menos comprometida con la relación tradicional entre Washington e Israel
De la periferia al centro
El análisis advierte que posiciones antes marginales están entrando en la corriente principal, tanto en la política como en espacios de formación de opinión. También señala que la comunidad judía no ha logrado articular una coalición amplia capaz de contener ese avance
Entre los ejemplos mencionados aparecen Zohran Mamdani en Nueva York, la expansión de discursos hostiles en primarias demócratas, y la debilitación del apoyo bipartidista que históricamente recibió Israel en Estados Unidos
Qué debería cambiar
La propuesta del autor es una respuesta más activa y pública: recurrir a los tribunales, revisar el liderazgo comunitario, aprender de la experiencia de otras minorías que responden de forma colectiva ante el racismo y estudiar el caso británico, donde la presión comunitaria ayudó a frenar la deriva antisemita en el Partido Laborista
También plantea que la comunidad debe mirar hacia adentro, reforzar su vínculo con los más jóvenes y evitar que Israel deje de ser un factor de cohesión para convertirse en una fuente de división
Una alerta de fondo
El texto cierra con una advertencia: la judeofobia ya no sería un problema periférico, sino una señal de deterioro más amplio en la cultura política occidental. Por eso, sostiene, la comunidad judía no debería bajar la guardia ni resignarse a una situación que considera cada vez más peligrosa
La conclusión es tajante: ante un odio que vuelve a crecer, la respuesta no puede ser el silencio ni la pasividad