El diálogo entre Mauricio Macri y Karina Milei llegó en un contexto de desconfianza. Antes incluso de que avanzaran las conversaciones, en Pro ya predominaba el escepticismo. La señal más clara es que el Gobierno dejó de apoyarse en la seguridad que le dio el resultado electoral de octubre y empezó a buscar acuerdos que antes despreciaba
La lectura que hoy domina en la Casa Rosada es distinta a la de la victoria. Javier Milei y su entorno creyeron que el triunfo nacional consolidaba un liderazgo autosuficiente, pero el clima social cambió. La inflación dejó de ser el único eje de tolerancia y ahora pesan el endeudamiento, la pérdida de poder adquisitivo y la dificultad para llegar a fin de mes
Una tregua forzada por la realidad
En ese nuevo escenario, Santiago Caputo empujaba una estrategia más amplia: sumar gobernadores, sectores del Pro y dirigentes radicales, incluso con puentes hacia el peronismo no kirchnerista. La negociación con Macri fue, en los hechos, una validación de esa línea y un límite a la idea de que el mileísmo podía prescindir de aliados
La conversación entre ambos empezó con objetivos distintos. Karina Milei buscaba ordenar candidaturas y preservar la centralidad electoral del oficialismo. Macri, en cambio, pidió primero discutir el país y los problemas concretos de la sociedad, en especial los de los hogares endeudados. Recién después, planteó, tendría sentido hablar de nombres y lugares en las listas
El costo social del ajuste
El dato económico que más inquieta es el aumento de la morosidad. Cerca de seis millones de argentinos tienen deudas con bancos o billeteras virtuales. La presión sobre salarios, tarifas, alquileres, expensas, transporte y otros gastos fijos empuja a muchas familias a postergar pagos. La contracción de la demanda ya es visible y varios funcionarios del área económica la observan con preocupación
Ese deterioro explica parte de la caída en la aprobación del Gobierno y también la persistencia de un núcleo de apoyo que sigue viendo en Milei una salida frente al regreso del peronismo. Pero el saldo es claro: crece la distancia entre el oficialismo y una sociedad que pide soluciones más concretas que la baja de la inflación
La oposición y el riesgo del balotaje
La oposición amistosa también enfrenta sus propias tensiones. El Pro, el radicalismo más moderado y algunos sectores peronistas no kirchneristas quedan atrapados entre dos riesgos: quedar asociados a un eventual fracaso del Gobierno o facilitar el regreso del kirchnerismo si se fragmentan demasiado
En paralelo, el peronismo sigue ordenado alrededor de Cristina Kirchner, aunque con resistencias internas. Axel Kicillof conserva margen propio en Buenos Aires, pero no logra proyectar una conducción nacional robusta. A eso se suma el desafío de Milei: si no gana en primera vuelta en 2027, una segunda vuelta podría reunir en su contra a peronismo, izquierda y sectores progresistas del radicalismo
La foto final es la de un sistema político marcado por minorías intensas y mayorías todavía sin representación clara. En ese tablero, el acercamiento entre Milei y Macri no es una alianza resuelta, sino una admisión de debilidad y una apuesta preventiva frente a una campaña que ya empezó