Patricia Bullrich mantiene reuniones semanales con Carlos Melconian, un economista crítico de Javier Milei que había sido considerado para integrar su equipo durante la última campaña presidencial. El vínculo adquiere relevancia en un escenario donde la vicepresidenta busca preservar margen de acción propio

En el reciente Coloquio de IDEA, Bullrich exhibió una versión más segura y confrontativa que la de su campaña presidencial. Su desempeño reactivó una posibilidad que circula entre dirigentes y empresarios: la existencia de un proyecto cercano al mileísmo, pero sin Milei como figura central

Una dirigente valorada y resistida

La consultora Management & Fit la ubicó como la dirigente mejor valorada entre diez figuras relevadas, con 33% de imagen positiva. Sin embargo, también registró un 50% de rechazo, en línea con el malestar extendido hacia las élites políticas y las instituciones tradicionales

Otro relevamiento, realizado sobre la conversación pública de los últimos 97 días hasta el 5 de octubre, contabilizó 183.136 menciones sobre Bullrich. Durante ese período, marcó diferencias con el Gobierno en al menos siete oportunidades

Entre sus movimientos estuvieron su intervención frente a la vicepresidenta en el Senado, sus críticas al recorte en discapacidad, la publicación de un video con una canción de Lali y el pedido de continuidad del “proyecto”, sin mencionar directamente a Milei. Esas señales elevaron la tensión con Karina Milei

Tres caminos posibles para 2027

La conversación digital muestra que Bullrich conserva respaldo en sectores libertarios: 63 de cada 100 menciones provenientes de esas cuentas fueron favorables. Antes del episodio relacionado con Lali, siete de cada diez referencias a su futuro electoral la imaginaban como eventual vicepresidenta. Otro 27% la proyectaba como candidata presidencial, principalmente desde sectores opositores

El politólogo Federico Zapata interpreta su estrategia como un juego de cercanía y diferenciación, parecido al que Carlos Menem desplegó frente a la renovación peronista a fines de los años 80. Esa táctica le permitiría dialogar con distintos sectores hasta consolidar una referencia propia

Una segunda hipótesis sostiene que Bullrich aspira a continuar como vicepresidenta de Milei, pero necesita construir una identidad suficientemente fuerte para funcionar como alternativa dentro del mismo espacio. La tercera posibilidad es que intente encabezar una opción de continuidad si el Presidente profundiza su desgaste, especialmente por el malestar económico

La oposición, sin una oferta definida

Mariel Fornoni sostiene que cualquier fuerza con aspiraciones de triunfo debería ofrecer una idea concreta de progreso a quienes quedaron fuera del modelo oficialista. En ese terreno, el peronismo todavía no consigue presentar una propuesta clara sobre el Estado, el equilibrio fiscal o el rumbo económico

Sus dirigentes concentran buena parte de su estrategia en los errores del Gobierno y en el deterioro de sus indicadores, pero esa actitud puede reforzar la percepción de que votar al peronismo implica regresar al pasado

Con Milei debilitado, una oposición sin iniciativa y las tensiones internas del oficialismo en aumento, Bullrich encontró un espacio para moverse. Su vínculo con Melconian y sus diferencias públicas mantienen abierta la disputa por el futuro del proyecto libertario