Tenía que ser así: en papel, con birome, de puño y letra, y con tachones. La forma elegida no fue un detalle menor, sino parte del mensaje

En tiempos de community managers, inteligencia artificial y textos filtrados por otros, la escritura manual apareció como una prueba de autenticidad. No hacía falta adornar nada más para evitar dudas

La nota dejó ver el pulso tembloroso de quien la escribió y también el peso de cada palabra. Lo dicho allí no parecía improvisado: era una decisión pensada, anunciada y ya irreversible

El gesto sirvió para confirmar que se cerraba una era más allá del fútbol. Una etapa que fue luminosa, bella, inesperada y gloriosa, aunque también atravesada por errores, correcciones y tachones

Por eso la despedida resultó tan apropiada como inevitable. En esa hoja quedó algo más que un anuncio: quedó la huella de alguien que también supo irse con una marca propia, imposible de imitar

Gracias, Leo. También por eso