Entre los monstruos que poblaron su infancia, el hombre lobo aparece como una de las figuras más persistentes. La escena que lo marcó ocurrió en el campo, durante la cosecha de trigo de 1969, cuando una tormenta nocturna encontró al tractorista Serafín rezando y arrojando agua bendita sobre la puerta del rancho

Al día siguiente, el paisaje mostraba eucaliptos caídos, un molino desarmado y el trigo aplastado. Serafín explicó entonces que un lobisón había rondado el corral

Esa advertencia no fue tomada como una simple historia para asustar a un chico. Quedó asociada a una tradición oral antigua, alimentada por relatos de distintas culturas: el mundo clásico, las creencias eslavas y también la literatura rioplatense. En ese repertorio, el lobisón aparece como una criatura cambiante, temida por su vínculo con la luna llena y con destinos familiares considerados fatales

El séptimo hijo como destino y protección

La leyenda del séptimo hijo también encontró un cauce institucional en la Argentina. En 1907 se registró el primer padrinazgo presidencial de un séptimo hijo varón. Más tarde, una norma extendió ese amparo al séptimo hijo o hija de una familia. La idea se apoyó en una tradición protectora que venía de lejos y buscó dar respuesta a un miedo muy arraigado

La ley no menciona monstruos ni supersticiones, pero su espíritu nace de ese imaginario. Otorga una medalla, un diploma y una beca, y convierte una creencia popular en un gesto estatal. A lo largo de décadas, miles de familias accedieron a ese beneficio

Una vieja ley frente a un problema nuevo

La discusión sobre su eventual derogación abre otra pregunta. Más que eliminarla, la mirada propone leerla como un artefacto cultural que todavía dice algo sobre el país. Y hoy ese debate convive con una inquietud más profunda: la caída de la natalidad

En 2024, la tasa de nacimientos en la Argentina quedó por debajo del nivel de reemplazo. Nacieron muchos menos niños que diez años atrás. La tendencia responde a factores económicos, sociales y culturales, y plantea un horizonte inquietante: una sociedad más chica, más envejecida y más triste

Desde esa perspectiva, la preocupación ya no es el lobisón sino otra clase de amenaza silenciosa. En lugar de discutir solo una vieja ley, la respuesta debería buscar condiciones reales para que más familias elijan tener hijos. La imagen final retoma el campo y la luna llena, pero ya no como fábula: como recordatorio de que los temores cambian de forma, aunque no desaparecen