Muchos jóvenes sienten que algo no funciona. La falta de trabajo, vivienda, educación y oportunidades convierte ese malestar en una experiencia concreta

En Europa, la protesta comenzó a ocupar las calles: hubo barricadas frente a colegios parisinos, tiendas de campaña en la Puerta del Sol, escaparates rotos en Lieja, escuelas tomadas en Turín y mochilas utilizadas en Berlín como símbolo de rechazo al servicio militar

Las razones varían según cada país, pero el reclamo se parece: una juventud que se siente sacrificada y teme que su futuro esté condenado

Cuando desaparece el punto de apoyo

Crecer resulta más difícil cuando se debilitan los cimientos. Para avanzar hacia una vida autónoma no alcanza con imaginar el futuro: también hacen falta algunas certezas presentes y una red de valores que permita interpretar la realidad

En los años setenta, un joven podía aceptar las referencias heredadas o rebelarse contra ellas. Incluso el rechazo necesitaba un punto de partida. Había, al menos, un pasamanos para recorrer el camino hacia la adultez

Hoy predominan la desorientación y la falta de guías. La familia, la escuela y el Estado ya no parecen ofrecer un norte compartido. Las jerarquías se resquebrajan y resulta más difícil saber qué merece ser aprendido, respetado o perseguido

El exceso de información y la pérdida de sentido

La era digital multiplicó los datos, pero no necesariamente los marcos para comprenderlos. La información se acumula hasta impedir que aparezcan figuras claras, como si un cielo cubierto de estrellas ya no permitiera reconocer las constelaciones

Internet democratizó el acceso al conocimiento y convirtió a cada persona en consumidora y creadora de contenidos. Pero esa horizontalidad también puede diluir las diferencias entre una opinión improvisada y el conocimiento de un especialista

La inteligencia artificial profundiza esa tensión. Millones de personas recurren a un gran cerebro colectivo y, en algunos casos, dejan de lado la originalidad propia. La escuela intenta adaptarse a transformaciones tecnológicas aceleradas, mientras todavía busca responder qué enseñar, cómo hacerlo y, sobre todo, para qué

El eco de las rebeliones de 1968

Las protestas juveniles de 1968 atravesaron ciudades como Praga, Chicago, París, Tokio, Belgrado, Roma, México y Santiago. Aquella rebelión cruzó fronteras ideológicas y cuestionó una sociedad tecnológica que ofrecía objetos y progreso, pero no necesariamente una vida con mayor sentido

En 1969 se produjo en Estados Unidos la primera conexión exitosa entre dos computadoras. Era difícil anticipar entonces la dimensión que alcanzarían Internet, las redes sociales y la inteligencia artificial

Sin embargo, hay un punto de contacto entre aquellas protestas y el malestar actual: la oposición entre un futuro impuesto y la necesidad de recuperar la experiencia concreta del presente

No está claro si los jóvenes de hoy rechazan la uniformidad de la vida algorítmica. Pero la sensación de vivir sin brújula, bajo una corriente constante de datos y estímulos, ayuda a entender por qué la protesta vuelve a aparecer como una forma de búsqueda