NUEVA DELHI — Durante semanas, jóvenes manifestantes en India salieron a la calle con carteles contra Narendra Modi y su gobierno bajo un nombre inesperado: la "Janta de las Cucarachas". La campaña consiguió una concesión poco habitual en más de 12 años de gestión del primer ministro: la renuncia de un ministro del gabinete

La salida del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, el mes pasado fue interpretada por analistas como una señal de que la presión social puede torcer, al menos en parte, la postura de un gobierno acostumbrado a mostrarse firme frente a la protesta. También puso en primer plano el peso de una población menor de 25 años que representa casi la mitad del país y que organiza sus reclamos cada vez más a través de redes sociales y plataformas digitales

Una protesta que dejó de ser simbólica

El movimiento comenzó en mayo como una burla política con una demanda concreta: la renuncia del ministro de Educación por filtraciones de exámenes que pueden definir el futuro académico de miles de jóvenes. Con el paso de las semanas, y a medida que se sumaban estudiantes y habitantes urbanos, la protesta amplió su agenda hacia la falta de empleo juvenil, la transparencia estatal y la gestión de las instituciones públicas

Para sus impulsores, la movilización confirmó que la presión ciudadana todavía puede producir resultados. Sus voceros insistieron en que no buscan convertirse en partido, sino actuar como un grupo de vigilancia pública

El costo político para Modi

El episodio alteró una imagen central de Modi: la de un líder con escasa necesidad de ceder ante la calle. Para algunos observadores, la renuncia del ministro dejó en evidencia que el umbral de temor a protestar se redujo entre sectores jóvenes, que empezaron a perder el miedo a desafiar al poder

La reacción oficial también cambió. Tras haber minimizado inicialmente las manifestaciones, el gobierno pasó a reconocer su alcance cuando crecieron las convocatorias y se multiplicaron las muestras de apoyo en otras ciudades

Desde entonces, Modi apareció con más frecuencia en videos breves pensados para audiencias jóvenes, mientras su partido intensificó su presencia en campañas digitales y adoptó incluso expresiones juveniles en actos públicos

Una pulseada que todavía sigue abierta

Aunque la protesta logró una victoria concreta, sigue sin estar claro si esa energía se traducirá en votos contra el partido gobernante en futuras elecciones. Al mismo tiempo, la movilización despertó respaldo de líderes opositores, activistas por los derechos humanos y figuras del cine, además de recibir apoyo logístico con comida y suministros para quienes acampaban y hacían huelga de hambre en Nueva Delhi

El movimiento dejó una señal política más amplia: en India, una generación acostumbrada a organizarse en línea también puede forzar decisiones en el mundo real. Y, por ahora, ha logrado algo que pocos imaginaban posible: debilitar la percepción de que Modi es inmune a la presión pública

Algunos simpatizantes del gobierno respondieron con intentos de exponer la identidad de manifestantes en internet para intimidarlos, lo que muestra que la disputa, lejos de cerrarse, abrió un nuevo frente en la relación entre poder, juventud y protesta