La política argentina llegó a un punto de desarticulación que vuelve incierta cualquier proyección electoral. El esquema de dos bloques que dominó durante años se desarmó y hoy cuesta reconocer las piezas con las que se intentará competir por el poder
Peronismo en crisis, PRO fragmentado
El peronismo atraviesa una tensión múltiple. En el centro de esa disputa aparece el kirchnerismo, todavía gravitante, con el conflicto entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner como una de sus expresiones más visibles
A la vez, el despliegue territorial del espacio se achicó de forma notoria: de los 20 gobernadores que acompañaban a Cristina Kirchner en 2011 quedaron nueve, y siete perdieron las legislativas del año pasado
También el PRO quedó desarmado. Perdió cohesión interna y se despegó de antiguos aliados como la UCR y la Coalición Cívica. Parte de sus dirigentes se acercó a Javier Milei de manera abierta o indirecta, mientras varios exfuncionarios del macrismo hoy ocupan lugares centrales en el Gobierno
La sociedad que cambió de lugar
Como la oferta política no logra ordenar el panorama, el foco pasa por la demanda social. Y ahí aparece un cambio lento pero decisivo: el empobrecimiento sostenido de los argentinos
La pirámide social actual muestra una clase alta de 5% con un ingreso familiar promedio de $14.000.000; una clase media alta de 17% con $6.500.000; una clase media baja de 26% con $3.000.000; una clase baja de 30% con $2.500.000; y una pobreza de 22%, con un ingreso promedio familiar de $1.000.000
Frente a la medición de junio del año pasado, subió la clase baja que todavía no es pobre y bajó la pobreza. Esa mejora parcial se explica por el efecto de la desaceleración inflacionaria sobre quienes estaban más abajo y por una caída de sectores superiores hacia escalones intermedios
Menos inflación, más informalidad
La contracara de esa estabilización es el deterioro del mercado laboral. Entre febrero y mayo se perdieron 89.000 empleos formales y crecen el cuentapropismo, la informalidad y trabajos de baja calidad. En paralelo, aumentó con fuerza la cantidad de personas que cocinan para vender comida o hacer repartos precarios
Ese corrimiento pega también en el sistema previsional. Un monotributista aporta apenas una parte mínima de lo que cubre un trabajador formal, por lo que el cambio en la estructura laboral agrava el problema fiscal
Bronca, tristeza y voto volátil
La transformación económica también ordena los estados de ánimo. Crece la bronca, pero también la tristeza y el desánimo. Esa mezcla deteriora la representación política y vuelve más inestable la relación entre la sociedad y sus dirigentes
El espacio de los que no se identifican con ningún partido volvió a crecer. No se trata necesariamente de un centro ideológico: allí conviven electores de izquierda que rechazan al kirchnerismo y votantes de derecha que no se sienten cómodos con Milei
Qué sigue sosteniendo al Gobierno
Aun así, el Presidente conserva un activo claro: ofrece un producto político nítido. Puede gustar más o menos, pero se entiende qué propone. Y, según las encuestas, los dos rasgos que más se le reconocen siguen siendo la inflación baja y el control de la calle
Por eso, aunque una mayoría quiera cambiar el modelo o modificarlo, la prioridad social no parece ser volver a la inflación alta. El desafío para el oficialismo es otro: sumar crecimiento, empleo y alivio sobre los sectores más golpeados sin abandonar su obsesión por el orden macroeconómico
Pragmatismo contra dogma
En ese intento aparecen señales de pragmatismo. El Gobierno estudia un piso salarial para apuntalar la clase media baja, impulsa créditos hipotecarios con fondos públicos y empieza a intervenir de manera más visible sobre salarios, tasas e incentivos sectoriales
También cambia el lenguaje hacia los endeudados, un problema que afecta el consumo y que incluso genera reparos dentro del propio gabinete. La discusión ya no pasa sólo por frenar la inflación, sino por cómo administrar los costos sociales del ajuste
La verdadera cuenta pendiente
Detrás de todo está el dilema fiscal. Milei habla a un sistema financiero que le exige señales claras y le marca el costo del financiamiento. Si no logra bajar la tasa ni resolver la deuda, puede verse obligado a buscar nuevas herramientas para sostener el programa
Por eso su grito no apunta sólo a sus adversarios. También le habla a quienes deben prestarle dinero y a quienes decidirán si el experimento económico puede seguir en pie sin que el déficit vuelva a desordenarlo todo