Lucas tenía 16 años cuando empezó a meterse en problemas por vulnerar las computadoras de su escuela. Lo hizo dos veces. Su objetivo inicial era simple: acceder a juegos y a sitios bloqueados. Con ese impulso, comenzó a experimentar con programación y a probar hasta dónde podía llegar
Incluso llegó a desmontar un equipo para llevarse componentes y seguir investigando en casa. La sensación de superar barreras técnicas, admitió, le resultaba especialmente atractiva. Pero el episodio encendió la alarma en su familia y terminó con la intervención de la policía
La visita que cambió el rumbo
La madre de Lucas llamó a las autoridades y pidió ayuda para entender la gravedad de lo que estaba pasando. Poco después, un agente especializado en prevención de delitos cibernéticos llegó a su casa, en una zona rural del condado de Cumbria. Desde entonces, trabaja con él de forma periódica
El programa le explica a adolescentes como Lucas qué conductas son legales y cuáles no, y luego intenta reforzar durante meses ese aprendizaje con reuniones individuales. La idea es orientar sus intereses hacia formación técnica, certificaciones o una carrera profesional en ciberseguridad
Ese esquema, conocido como Cyber Choices o Cyber Prevent, funciona como una suerte de rehabilitación para hackers y se apoya en el programa Prevent, que en Reino Unido también identifica a personas vulnerables a la radicalización
Más casos, más riesgo
En los últimos ocho años, más de 1150 casos fueron derivados a este programa, y casi 600 ocurrieron en los últimos tres años. Las autoridades creen que los grupos de hackers adolescentes tienen cada vez más peso en ataques informáticos graves
Según los responsables de prevención, muchos jóvenes no arrancan con una intención criminal clara. Primero prueban sistemas, intentan saltarse restricciones y se acercan a comunidades en línea donde la piratería se vuelve una práctica celebrada y alentada
También señalan que buena parte de los menores que llegan a estos programas son neurodiversos o tienen autismo. En varios casos, su vínculo intenso con la tecnología convive con dificultades para medir riesgos o escuchar advertencias de adultos cercanos
Intervenir antes de que sea tarde
El debate no está cerrado. Algunos críticos creen que enseñar más habilidades técnicas a chicos ya atraídos por la piratería puede volverlos más peligrosos. Otros sostienen que no intervenir sería peor, porque los dejaría aprender por su cuenta dentro de entornos delictivos
Para Lucas, el susto de imaginar a un policía tocando la puerta alcanzó para frenar la escalada. Y para otros jóvenes, como Izak, el mismo camino terminó abriéndoles una salida laboral dentro de la ciberseguridad
La apuesta oficial es llegar antes de que la curiosidad, el talento y la presión de internet se transformen en un delito serio