Con agosto en marcha y millones de personas buscando playa, los arenales españoles llegan al verano con un diagnóstico inquietante: la erosión crónica afecta a buena parte del litoral y amenaza con agravarse si no se actúa pronto

La profesora de la Universidad Politécnica de Cataluña Francesca Ribas señala que la costa mediterránea es una de las zonas más expuestas por su alta ocupación y por su vulnerabilidad al calentamiento global

Playas vivas, pero cada vez más presionadas

Ribas explica que las playas naturales pueden adaptarse al cambio climático si conservan espacio para retroceder y ganar altura. El problema aparece cuando se urbanizan dunas y franjas litorales, porque se limita su capacidad de regeneración

La arena, recuerda, no es un recurso ilimitado ni homogéneo. Forma parte de un sistema frágil que filtra agua, amortigua el oleaje y sostiene el equilibrio entre el mar y la tierra. No cualquier sedimento sirve para regenerar un arenal

Trasvases caros y soluciones limitadas

Una de las respuestas habituales es aportar arena desde otros puntos, pero estas actuaciones son costosas y requieren mover grandes volúmenes de material. Además, el tamaño del grano debe ser parecido al de la playa a recuperar

La experta advierte también de que extraer y depositar arena puede dañar ecosistemas de origen y destino, por lo que pide reducir al mínimo este tipo de intervenciones y estudiar bien cómo realizar cada aporte para evitar pérdidas posteriores

En cuanto a las obras duras, como los espigones, Ribas sostiene que solo pueden tener sentido en casos muy concretos. No las ve como una solución general, porque encarecen el mantenimiento y pueden trasladar el problema a la playa vecina

Más espacio para que la costa respire

La alternativa más eficaz, según su diagnóstico, pasa por dejar más margen a la playa para que evolucione de forma natural. Eso puede implicar retirar paseos marítimos en algunos puntos y reconstruir sistemas dunares originales

La investigadora sitúa la principal causa de la erosión acumulada en la acción humana sobre ríos y costas, con embalses, infraestructuras y urbanización litoral. A esa presión se sumará en este siglo la subida del nivel del mar

Temporales y puertos, dos aceleradores del desgaste

Los temporales intensos también pueden provocar pérdidas netas de arena si desplazan sedimento a zonas más profundas desde las que luego no vuelve con facilidad. En playas sanas, ese balance suele compensarse con aportes de ríos, acantilados o sedimentos de playas cercanas

Cuando esos suministros se reducen, la erosión se vuelve crónica. Y las obras que entran en el mar, como puertos y espigones, alteran el transporte natural de sedimentos: acumulan arena en un lado y la restan en el otro