Tomás ya vive su tercer verano en Linarejos, en la Sierra de la Culebra, como si fuera un vecino más. La diferencia es que se trata de un ciervo de gran cornamenta que ha terminado por integrarse en la rutina de esta pedanía zamorana cercana a Portugal

Su vínculo con el pueblo es tan fuerte que, después de ser capturado y trasladado a otro enclave a unos 50 kilómetros, regresó por su cuenta a los seis días. Desde entonces vuelve a deambular por las calles y alrededores, buscando sombra, hierba y fruta en los manzanos, cerezos y perales

Un vecino querido, pero con límites

La quincena de residentes y veraneantes de Linarejos le ha tomado cariño, aunque insiste en que no debe tratarse como una mascota. Los vecinos piden distancia, sobre todo porque algunos visitantes se acercan demasiado para hacerse fotos, tocarle la cornamenta o darle comida

Para evitar riesgos, el Servicio Territorial de Medio Ambiente intervino a mediados de julio y organizó un operativo para sedarlo y llevarlo al monte público de El Casal. Según relatan en el pueblo, hubo acuerdo general con la medida para proteger tanto al animal como a las personas

Las normas para convivir con él

Tras su regreso, los vecinos colocaron carteles por el casco urbano con la imagen de Tomás y una serie de advertencias sobre lo que no se debe hacer. El objetivo es evitar incidentes que puedan acabar en una decisión irreversible para el animal

Tomás llegó a Linarejos casi por casualidad a comienzos del verano de 2024, cuando una lesión en una pata le dificultaba caminar. En un entorno con lobos cercanos, terminó refugiándose junto a la población y desde entonces alterna largas estancias en el pueblo con ausencias ligadas a su ciclo natural

Idas y vueltas de temporada

Los vecinos asumen que, como ocurre cada año, al final del verano el ciervo se alejará con la berrea para buscar pareja y no volverá hasta el invierno. Lo interpretan como parte del ritmo habitual de la zona y de una convivencia que ya forma parte de la identidad local

No es el primer ciervo que deja huella en Linarejos. En 2023, la localidad intentó sin éxito evitar la caza de otro macho adulto, Carlitos, cuya silueta terminó pintada en fachadas y puertas de garaje. Ahora, Tomás ocupa ese lugar simbólico y ha convertido el pueblo en su refugio estival