Ensuciarse las manos con tierra, tocar la corteza de un árbol o jugar sobre el césped podría aportar más beneficios que una simple experiencia al aire libre. Investigaciones realizadas en Finlandia indican que el contacto con la naturaleza favorece la diversidad de microorganismos presentes en la piel
La piel alberga comunidades de microbios que cumplen una función protectora. Cuando existe una amplia variedad, estos microorganismos pueden limitar la expansión de bacterias potencialmente dañinas y contribuir al equilibrio del organismo
Veinte segundos de contacto pueden modificar la microbiota
En un experimento dirigido por la ecóloga Mira Grönroos, varios participantes frotaron sus manos con tierra, turba y musgo durante 20 segundos. Después, incluso tras enjuagarse con agua corriente, la cantidad y variedad de microbios en la piel había aumentado
El efecto, sin embargo, no permaneció durante mucho tiempo. La microbiota cutánea regresó rápidamente a un estado parecido al inicial, por lo que los investigadores consideran que una exposición más prolongada o frecuente podría generar cambios más duraderos
Patios naturales para favorecer la diversidad microbiana
Los posibles beneficios también fueron observados en niños. En la guardería Aurinkolinna, ubicada en el centro de Finlandia, los menores pasan varias horas al día en un patio con árboles, arbustos, arena, virutas de madera y tierra
El establecimiento forma parte del proyecto Vahvistu, que analiza durante tres años qué sucede con el sistema inmunitario cuando los espacios de juego incorporan elementos naturales. Los investigadores estudian muestras de piel, saliva, heces, sangre y cabello
El proyecto se basa, entre otros antecedentes, en un estudio realizado entre 2016 y 2017 por la científica ambiental Marja Roslund. En aquella investigación, se incorporó suelo forestal, turba y cajones de cultivo al patio de una guardería
Tras 28 días de juego habitual y una nueva evaluación un año después, los niños que habían estado en contacto con el suelo forestal mostraban una diversidad microbiana cutánea mayor que quienes jugaban en un patio pavimentado. También presentaban menos patógenos potenciales en la piel
Una explicación posible es que la abundancia de microorganismos beneficiosos deja menos espacio para que se establezcan bacterias perjudiciales. Según Roslund, el equilibrio microbiano ayuda a mantener una piel saludable
La piel también participa en la regulación de las defensas
La investigación no se limita a observar la superficie cutánea. La salud de la piel puede relacionarse con procesos hormonales, cardiovasculares y cognitivos, además de influir en el funcionamiento del sistema inmunitario
En otro ensayo, algunos niños jugaron en arena enriquecida con tierra de gran diversidad microbiana, mientras que otro grupo utilizó arena similar, pero con menos microorganismos. En el primer grupo aumentó la variedad de ciertas bacterias de la piel y se modificaron citocinas presentes en la sangre
Estos marcadores están vinculados con la inmunorregulación, es decir, con la capacidad del organismo para responder a las amenazas sin activar una reacción excesiva
Los investigadores también observaron un aumento de gammaproteobacterias en los niños que jugaban en espacios semejantes al suelo del bosque. Este cambio se relacionó con una mayor presencia de linfocitos T reguladores, células que ayudan a equilibrar la respuesta inmunitaria
Aun así, los resultados no permiten afirmar que el contacto con la naturaleza prevenga enfermedades como el eccema, el asma o las alergias. Los especialistas consideran que podría reducir la probabilidad de desarrollar algunos trastornos inmunitarios, pero todavía se necesita más evidencia
La jardinería y las plantas también pueden ayudar
Los efectos potenciales se observaron igualmente en adultos. En un estudio, varias personas cultivaron hortalizas en macetas durante un mes. Algunas utilizaron tierra con una gran diversidad microbiana y otras emplearon un sustrato similar, pero con menos microorganismos
Quienes trabajaron con la tierra más diversa presentaron un aumento en la variedad de bacterias de la piel y en las citocinas antiinflamatorias de la sangre
En oficinas finlandesas, la instalación de muros verdes durante dos semanas también se asoció con una mayor diversidad microbiana cutánea, menores niveles de citocinas proinflamatorias y un incremento de bacterias del género Lactobacillus
Más naturaleza integrada en la vida cotidiana
Los investigadores sostienen que estos hallazgos respaldan la llamada hipótesis de la biodiversidad, según la cual el contacto con ambientes ricos en plantas, suelo y microorganismos influye en el microbioma humano
La propuesta también plantea que las ciudades deberían facilitar encuentros cotidianos y espontáneos con la naturaleza, mediante espacios verdes, árboles, tierra y vegetación integrados en los recorridos habituales
La evidencia todavía no explica por completo cómo se producen estos efectos. Sin embargo, los estudios realizados hasta ahora sugieren que tocar un árbol, sentarse en la hierba o cuidar plantas puede ofrecer beneficios potenciales con pocos riesgos evidentes para la mayoría de las personas