La idea de que el embarazo debe vivirse en felicidad constante sigue pesando sobre muchas mujeres, pero especialistas en salud mental advierten que esa exigencia puede convertirse en una carga adicional. Durante la gestación, los cambios físicos conviven con preocupaciones, miedos, tensiones económicas y conflictos emocionales que no deberían minimizarse
En distintos estudios citados sobre población gestante se han reportado porcentajes elevados de depresión y ansiedad. Una investigación publicada en la Revista Colombiana de Psiquiatría informó una depresión gestacional promedio de 57,22% y ansiedad de 46,98%, mientras otro trabajo difundido en 2024 registró 59% de depresión en su muestra
Además, se ha señalado que cerca de una de cada cinco mujeres puede desarrollar algún trastorno de salud mental durante el embarazo
Cuando el estrés también alcanza al bebé
El psiquiatra Julián Mateo Benítez, director del programa de psiquiatría de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud, explicó que el embarazo no puede entenderse solo desde lo físico. Según señaló, los estados emocionales influyen en el desarrollo gestacional y cuadros de ansiedad, depresión o estrés intenso pueden alterar el crecimiento del feto
Benítez indicó que la angustia sostenida modifica respuestas corporales como la frecuencia cardíaca, la respiración y la distribución de la sangre, lo que termina generando cambios bioquímicos capaces de afectar al bebé. También relacionó estas condiciones con el neurodesarrollo y con factores sociales como la violencia o la pobreza
Incluso mencionó que situaciones adversas pueden dejar huellas biológicas en el ADN mediante procesos de metilación, con posibles efectos que se extienden por generaciones
La presión de estar feliz todo el tiempo
Para el especialista, uno de los mayores obstáculos es el mandato cultural de una maternidad siempre plena. Esa expectativa, dijo, hace que muchas mujeres sientan culpa por no disfrutar el embarazo y retrasen la búsqueda de ayuda
Entre las señales que ameritan atención mencionó dudas persistentes, sensación de inutilidad, temor frente a la crianza, ideas de que no se será una buena madre, deseo de apartarse del embarazo, tristeza prolongada, alteraciones del sueño, cambios en el apetito, aislamiento, llanto fácil y pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras
También alertó sobre síntomas de mayor gravedad, como ideas de muerte, dificultad para levantarse de la cama o episodios de pánico. En esos casos, insistió en que la consulta profesional debe ser oportuna
Lo que debe observar la familia y el equipo de salud
Benítez recalcó que la familia cumple un papel decisivo para amortiguar la carga emocional. Una red cercana que escuche, acompañe y sostenga puede reducir el malestar de la gestante. Esa vigilancia, además, debe incorporarse a los controles prenatales
El especialista pidió que médicos y demás profesionales de salud indaguen de forma activa por síntomas afectivos, problemas de sueño, cambios en la alimentación, aislamiento y dificultades para disfrutar la vida cotidiana. También recordó que la propia mujer y su entorno deben comunicar estos cambios cuanto antes
Factores de riesgo y oportunidad de intervención
La psicóloga Alejandra Rodríguez Sarmiento, de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, señaló que la frecuencia de depresión gestacional varía según la región y las condiciones de vida. Entre los factores que pueden aumentar el riesgo mencionó la adolescencia, antecedentes de depresión, complicaciones obstétricas, pobreza, conflicto de pareja, violencia intrafamiliar y soledad
Rodríguez cuestionó el mito de que la felicidad deba ser permanente durante la gestación. A su juicio, negar emociones como tristeza, rabia o miedo puede empeorar el malestar y retrasar la búsqueda de ayuda
La especialista explicó que el embarazo es también un momento de contacto con la propia historia emocional, por lo que la prevención psicológica resulta clave. Aunque reconoció que el acceso a este tipo de atención sigue siendo desigual, consideró que la gestación es una etapa valiosa para intervenir sobre vínculos, relaciones previas y herramientas para el posparto
Después del parto, la alerta no termina
Rodríguez recordó que en los primeros 15 días tras el parto puede aparecer una tristeza transitoria vinculada a cambios hormonales. Sin embargo, si ese malestar aumenta, persiste el insomnio, surgen pensamientos de muerte o se debilita el vínculo con el bebé, la búsqueda de ayuda es necesaria
La psicóloga clínica Lugarda Ballestas también subrayó que la mirada sobre la embarazada debe ser integral: desarrollo físico, entorno social, apoyo profesional y red de apoyo. Entre los factores que pueden influir en el estado de ánimo mencionó cambios hormonales, antecedentes personales y familiares, pérdidas previas, problemas financieros, imagen corporal y dudas sobre la maternidad
Como elementos protectores destacó la alimentación, el autocuidado, las rutinas recreativas y la posibilidad de hablar con personas de confianza
La red de apoyo como protección real
Una de las claves, coinciden las especialistas, es que la salud mental de la gestante deje de verse como un asunto secundario. La mujer embarazada necesita un entorno que le permita pedir ayuda sin culpa y recibir acompañamiento sostenido
En esa línea, experiencias personales muestran que moverse, descansar, comunicar lo que ocurre y mantener hábitos que reduzcan la ansiedad pueden marcar una diferencia. La conclusión es compartida: cuidar la salud mental durante el embarazo protege a la madre, al bebé y al vínculo que comienza incluso antes del nacimiento