El descenso de la temperatura no obliga a suspender la actividad física. De hecho, entrenar con frío puede ser seguro y hasta ofrecer ventajas, siempre que se tomen recaudos y se reconozcan los límites del propio cuerpo
Según los especialistas consultados, el riesgo principal no es “resfriarse por el frío”, sino exponerse a hipotermia cuando el viento o la lluvia intensifican la pérdida de calor. En esos casos, las señales de alarma incluyen manos y pies fríos, escalofríos, falta de coordinación y dificultad para hablar
Quiénes deben prestar más atención
Hay dos grupos que requieren especial cuidado: las personas con enfermedades respiratorias, como asma o EPOC, y quienes tienen antecedentes cardiovasculares. El aire frío y seco puede irritar las vías aéreas y aumentar la obstrucción; en tanto, los esfuerzos intensos y repentinos pueden elevar el riesgo de infarto, arritmias y angina de pecho
También se desaconseja salir a entrenar cuando la temperatura está bajo cero y hay viento fuerte, porque aumenta el riesgo de enfriamiento o congelamiento. En esos días, una opción razonable es pasar la rutina a un espacio cerrado
El mito de la vitamina C
La idea de que la vitamina C previene los resfríos no tiene respaldo para la población general. Sí se observó un posible beneficio en contextos de ejercicio físico extremo o ambientes muy exigentes, pero no hay justificación para su uso rutinario en quienes hacen actividad física habitual
Además, en esta época circulan más virus respiratorios, y eso explica la mayor exposición a gripes, resfríos y neumonías. El problema está en la circulación viral, no en el entrenamiento en sí
Cómo vestirse y qué no hacer
Para moverse al aire libre en días fríos, la recomendación es vestirse por capas, usar un gorro con visera y sumar un rompevientos liviano si hay viento. Conviene empezar con una leve sensación de frío, hacer una entrada en calor completa y retirar las capas de manera progresiva durante la actividad
También importa la hidratación, aunque en invierno se sienta menos sed. Al terminar, lo primero es resguardarse del frío, quitarse la ropa húmeda y ducharse con agua caliente o tibia; después pueden venir los estiramientos o los masajes
Entre los errores más comunes figuran saltarse la entrada en calor, permanecer con la ropa mojada, no hidratarse y salir sobreabrigado. Cuando la ropa se empapa de sudor, deja de proteger y termina enfriando el cuerpo
La piel también sufre
El frío y el viento afectan la barrera cutánea. En invierno es frecuente la resequedad, la deshidratación, la tirantez y la aspereza, porque el aire seco y la menor producción de sebo favorecen la pérdida de agua
La piel debilitada se vuelve más sensible a irritantes y alérgenos, y puede responder con descamación, picazón y pequeñas lastimaduras. Los cambios bruscos entre el frío exterior y el calor interior también pueden causar rojeces, empeorar una rosácea o favorecer la aparición de sabañones
Los labios merecen atención especial, al igual que manos, orejas y pies. Además, la protección solar sigue siendo necesaria: la radiación ultravioleta no desaparece con el frío y, en la montaña o sobre nieve, la reflexión de la luz puede aumentar la exposición
Para cuidar la piel, se sugiere usar cremas con ceramidas y ácido hialurónico, protector labial y protector solar. Después del entrenamiento, conviene limpiar con productos suaves, usar agua tibia y evitar duchas muy calientes. Si hay irritación, una crema reparadora de barrera y el agua termal pueden ayudar a calmar la piel