El invierno suele venir acompañado por una mayor circulación de virus respiratorios y, con ella, por más casos de gripe, resfríos, bronquiolitis, faringitis y neumonía. El riesgo es más alto en niños pequeños, personas mayores, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas
La prevención descansa en medidas cotidianas y en la vacunación. Estos son siete hábitos básicos que ayudan a cortar la transmisión y a cuidar a quienes tienen mayor riesgo de complicaciones
1. Lavarse las manos con frecuencia
La higiene de manos sigue siendo una de las herramientas más efectivas. El agua y el jabón ayudan a reducir la propagación de gérmenes, y las soluciones con alcohol son una alternativa útil cuando no se puede lavar enseguida
2. Ventilar todos los días
Abrir ventanas y renovar el aire disminuye la concentración de partículas respiratorias en espacios cerrados. En invierno, cuando puertas y ventanas suelen permanecer cerradas, la ventilación cobra aún más importancia
3. Cubrirse al toser o estornudar
La forma correcta es hacerlo con el pliegue del codo o con un pañuelo descartable. Después, hay que desechar el papel y volver a higienizar las manos. También conviene evitar tocarse ojos, nariz y boca sin haberse lavado
4. Mantener distancia si hay síntomas
Evitar el contacto cercano con personas enfermas reduce la transmisión. Si el cuadro es leve, quedarse en casa también ayuda a no exponer a otros, sobre todo en hogares donde conviven personas vulnerables
5. No compartir objetos personales
Vasos, cubiertos y botellas de uso común pueden facilitar el contacto con secreciones respiratorias. Limitar ese intercambio reduce riesgos en la casa, la escuela y el trabajo
6. Dormir bien, hidratarse y vacunarse
El descanso, la hidratación y una alimentación adecuada fortalecen el organismo. La vacunación, además, sigue siendo la medida más eficaz para prevenir la gripe. Se recomienda especialmente en embarazadas, niños de 6 meses a 5 años, mayores de 65 años, personas con enfermedades crónicas y personal de salud
7. Consultar a tiempo en la infancia
En los niños, sobre todo en lactantes, hay que prestar atención a tos, falta de aire, respiración rápida o silbidos en el pecho. Si aparece fiebre persistente, decaimiento marcado, rechazo del alimento o dificultad respiratoria, la consulta pediátrica es necesaria