Un grupo de premios Nobel y referentes internacionales de la ciencia volvió a encender alarmas sobre la situación del sistema científico argentino. En una nueva carta dirigida al presidente Javier Milei, al jefe de Gabinete y a las autoridades del área, sostienen que el cuadro se agravó y describen un escenario de “colapso” del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación
El pronunciamiento reúne 24 premios Nobel y a científicos de reconocimiento global. Los firmantes piden que se reviertan las medidas que, según señalan, están desarmando una de las estructuras de investigación más relevantes de América Latina
Más recortes, menos personal
La declaración retoma advertencias formuladas en 2024, pero con un diagnóstico más severo. Según los autores, la caída del financiamiento público, la pérdida de trabajadores, la interrupción de proyectos estratégicos y el debilitamiento de organismos científicos profundizaron la crisis
El texto afirma que la inversión nacional en ciencia y técnica bajó al 0,14% del PBI y que, desde diciembre de 2023, el sistema perdió cerca de ocho trabajadores por día entre investigadores, becarios, técnicos y personal de apoyo
También advierten sobre convocatorias frenadas, ingresos congelados y dificultades para sostener programas de investigación, un combo que, aseguran, empuja la salida de científicos y compromete la renovación generacional
Organismos alcanzados por el ajuste
La carta enumera recortes, reestructuraciones o cierres en distintos organismos. Menciona al Instituto Nacional del Cáncer, al Instituto Nacional de Semillas, al Instituto Nacional del Agua, al Instituto Nacional de Medicina Tropical y a áreas de la Anmat
Además, cuestiona la situación del INTA, donde denuncia despidos, reducción presupuestaria y venta de tierras, y de la Agencia I+D+i, donde, según el documento, los fondos para proyectos científicos estuvieron suspendidos durante más de dos años
El diagnóstico también alcanza a la Conae, la Anlis, el Inidep, el Segemar, el IGN, la Administración de Parques Nacionales, el Servicio Meteorológico Nacional y la Fundación Miguel Lillo
Los autores remarcan que la crisis golpea también a las universidades nacionales, donde se desarrolla cerca del 80% de la investigación científica del país. Según plantean, la falta de recursos afecta tanto a laboratorios e institutos como a la formación de nuevos investigadores
Proyectos frenados y impacto en la industria del conocimiento
Otro eje central de la carta es la paralización de proyectos estratégicos. Los firmantes señalan que quedaron detenidos los PICT, principal herramienta de financiamiento de la investigación, y cuestionan que el mecanismo anunciado para reemplazarlos nunca se puso en marcha
También mencionan la suspensión del reactor nuclear Carem, la planta de producción de radioisótopos del RA-10 y el Radiotelescopio Chino-Argentino (CART)
En paralelo, expresan solidaridad con los trabajadores despedidos de la CNEA y rechazan medidas adoptadas en el INTI y en el Conicet, donde citan 379 despidos y el freno a ingresos a las carreras de investigador y de personal de apoyo
Una advertencia que trasciende fronteras
Los firmantes sostienen que el problema no se limita al ámbito académico. Afirman que la ciencia es clave para el desarrollo económico, la innovación, la salud pública, la producción agropecuaria, el ambiente y las políticas públicas
Como antecedente, recuerdan la carta difundida en 2024, cuando 68 premios Nobel alertaron sobre los efectos de los recortes presupuestarios, la eliminación del Ministerio de Ciencia y la caída del financiamiento para el Conicet y las universidades
La nueva convocatoria fue impulsada por Alberto Kornblihtt y Adriana Serquis. Entre los firmantes aparecen, entre otros, Andrea Gamarnik, Raquel Chan, Diego Golombek, Ana Belén Elgoyhen, Galo Soler Illia, Ana Franchi, Roberto Salvarezza y Daniel Filmus
El pedido final es concreto: recomponer el financiamiento, garantizar la continuidad de los organismos científicos y sostener condiciones para retener y formar recursos humanos altamente calificados. De no haber cambios, advierten, se corre el riesgo de destruir un sistema que demandó décadas de construcción