ROSARIO. Agustina De Lucía volvió a encontrar alivio en el lugar donde durante años había construido sus sueños: el tatami. En los Juegos Suramericanos 2026, la judoca rosarina obtuvo la medalla de plata en la categoría de hasta 63 kilos y el bronce en equipos mixtos

El resultado tiene un significado especial. Tres años atrás, el cuarto puesto en los Juegos Panamericanos de Santiago 2023 desencadenó una profunda crisis emocional. La frustración deportiva se combinó con la pérdida de su beca, que era fundamental para sostener su carrera en Derecho y su preparación como atleta

Una caída que también afectó su vida cotidiana

Después de aquella competencia, De Lucía sufrió ataques de pánico, incluso en el baño de un torneo y durante un entrenamiento. Con el tiempo dejó de querer levantarse de la cama, perdió las ganas de entrenarse y muchas veces terminaba llorando en el club Provincial, donde había empezado a practicar judo a los cuatro años

En su familia tampoco había margen económico para sostener todos sus proyectos. Su padre había trabajado como mecánico y su madre como costurera; ambos están jubilados. Para continuar con su tratamiento psicológico y cubrir sus gastos, la deportista comenzó a dar clases de judo y trabajó como niñera durante seis horas por día

Cuando ya no pudo pagar las sesiones, su psicóloga decidió mantener el tratamiento hasta que pudiera retomarlo. Ese acompañamiento fue parte de un proceso que se extendió durante dos años. En 2025, De Lucía regresó al tatami y comenzó a recuperar la confianza

El esfuerzo para seguir compitiendo

Desde entonces, la judoca combina distintas actividades para financiar sus viajes: organiza rifas, vende productos y participa en iniciativas como polladas. También trabajó en un estudio de una abogada de familia, pero la exigencia de los torneos, los campus y las concentraciones hizo imposible mantener ese empleo

La noticia llegó poco antes de un torneo clave para sumar puntos en el camino olímpico. De un día para el otro, quedó sin trabajo y volvió a preguntarse cómo sostener su vida cotidiana. Su pareja, Lautaro, fue uno de los apoyos que la ayudaron a atravesar ese momento sin regresar al estado de desesperación que había conocido años antes

Para De Lucía, el judo no es un pasatiempo. Se trata de una actividad de alto rendimiento que exige compromiso físico y mental, aunque durante mucho tiempo haya tenido que sostenerla con recursos propios y empleos paralelos

Una nueva manera de competir

La experiencia también modificó su vínculo con el deporte. Ahora asegura que disfruta más cada combate y que ya no siente la misma presión por ganar. El proceso, aunque doloroso, le permitió valorar de otra manera su recorrido y volver a confiar en sus posibilidades

Su próximo objetivo es disputar los Juegos Panamericanos de Lima 2027. Después buscará clasificarse a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. La posibilidad que antes parecía lejana hoy aparece como una meta concreta, aunque prefiere transitarla con mayor calma

Las dos medallas obtenidas en Rosario representan mucho más que un resultado deportivo. La plata en la prueba individual, conseguida cerca de su casa y frente a su familia, le devolvió parte de la confianza que había perdido

Sus compañeros, entre ellos Ivo Dargoltz, también fueron importantes en el regreso. Según De Lucía, entrenar junto a personas queridas le permitió recuperar la esperanza y comprobar que todavía podía alcanzar grandes objetivos

Las lágrimas que alguna vez aparecieron en medio de un ataque de pánico hoy tienen otro significado. Son lágrimas de emoción, de alivio y de una deportista que, después de tocar fondo, volvió a elegir su camino