En Sacramento Street, a pocos minutos de Silicon Valley, un viejo edificio victoriano conocido entre argentinos como “lo de James” se volvió un punto de encuentro para emprendedores que llegaron a San Francisco con una misma idea: construir compañías de alcance mundial desde el corazón del ecosistema tecnológico estadounidense

El lugar, cuyo nombre formal es Monroe Residence Club, funciona como hospedaje, residencia temporal y oficina improvisada. Allí conviven fundadores de startups, programadores y perfiles técnicos que comparten costos, rutinas y contactos mientras buscan dar el salto de escala

Una mudanza que ya no es excepcional

Entre los residentes recientes están equipos de Ato y Melián, dos compañías argentinas que decidieron instalarse en la ciudad para acelerar su desarrollo. Ato creó un dispositivo pensado para acompañar a adultos mayores con una inteligencia artificial que escucha, conversa y asiste. La empresa levantó USD 1,3 millones en 2025, ya envió 2.500 equipos a 27 países y ahora busca nueva inversión

Sus fundadores contaron que llegaron casi por azar, tras postular a una aceleradora estadounidense, y que al principio atravesaron problemas de visa, vivienda y adaptación. Con el tiempo, encontraron en San Francisco el entorno ideal para crecer, rodeados de inversores, ingenieros y otras startups que trabajan con IA

Melián siguió un camino similar. La compañía, que primero se llamó Sirvana, apuesta por un buscador de productos impulsado por inteligencia artificial. Su equipo se mudó completo y encontró en ese hospedaje una forma barata de sostener la operación mientras busca crecer fuera de la región

La lógica del nuevo ciclo

El fenómeno no se limita a casos aislados. El ecosistema emprendedor de América Latina está girando cada vez más hacia modelos pensados desde el primer día para competir en mercados globales. La inteligencia artificial aceleró esa transición y empujó a muchas startups a instalarse donde se concentran el capital, el talento y las alianzas tecnológicas

Un informe reciente de Latitud muestra que casi la mitad de los fundadores tecnológicos de la región que postulan a su programa ya tiene al mundo como mercado objetivo. En 2021, esa proporción era de apenas 3,6%. El estudio también calcula más de USD 200.000 millones en valor combinado generado por empresas con al menos un fundador latinoamericano

Para explicar ese recorrido, el reporte ordena la historia regional en cuatro olas: la era dot-com de comienzos de los 2000, la etapa posterior a la crisis de 2008, la expansión del mobile y la nube durante la era de tasas bajas, y la actual ola de IA, iniciada a fines de 2022. En este último tramo, construir para el mundo dejó de ser una excepción

San Francisco como atajo

La concentración del capital refuerza esa elección. En 2025, Estados Unidos concentró el 79% del financiamiento global en IA, y solo el área de San Francisco reunió más dinero que el resto del mundo combinado. Para muchas startups, eso convierte a la costa oeste en un punto de llegada casi obligado

El mismo informe identifica además una base de talento regional muy amplia: más de dos millones de desarrolladores profesionales en América Latina, unos 605.000 graduados anuales en ciencias de la computación entre Brasil y México, y más de 50.000 latinoamericanos ya empleados en empresas tecnológicas de Estados Unidos. A eso se suman entre 25.000 y 35.000 visas de alta calificación por año

La red argentina que empuja

Detrás de este movimiento aparece una red de fundadores e inversores que abre puertas y comparte experiencia. Guillermo Rauch, nacido en Lanús y fundador de Vercel, es uno de los nombres más influyentes entre los emprendedores argentinos que llegan a Estados Unidos. También aparecen referentes e inversores que apuestan a que las compañías nazcan en la región, pero piensen desde el inicio en competir afuera

Desde ese mapa, surgen nuevos casos como Teramot, que conecta modelos de IA con datos empresariales, y Rial, enfocada en verificar imágenes para sectores como seguros y delivery. También Biomakers, Cedalio, heytruffle y Rexi, que operan desde Estados Unidos aunque mantengan vínculos fuertes con América Latina

La escena que se arma en lugares como “lo de James” resume bien el momento: menos dependencia del mercado local, más ambición internacional y una convicción compartida de que la próxima gran compañía puede nacer en la región, pero escalar desde San Francisco