Hace unos 150 años, el inmigrante vasco Domingo Aguerre llegó a la Argentina y comenzó a vincularse con la actividad agropecuaria. Desde entonces, cinco generaciones de la familia Garciarena atravesaron distintos ciclos productivos y tomaron decisiones que cambiaron el rumbo del negocio

Aquella explotación inicial, basada en ovejas y ganado criollo, se transformó en una empresa que combina agricultura y ganadería en tres provincias. El cambio organizativo más importante comenzó en 2021, tras la muerte del padre de la actual quinta generación

Una expansión que amplió la base productiva

El abuelo de Ignacio Garciarena fue quien impulsó buena parte del crecimiento familiar. A partir de campos heredados en 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, compró tierras en La Pampa y San Luis y extendió la estructura productiva

Con el tiempo, la familia separó la propiedad de la tierra de la operación agropecuaria. La empresa productiva comenzó a pagar un alquiler de mercado a los familiares dueños de los campos, una forma de diferenciar el negocio inmobiliario de la actividad productiva

En 25 de Mayo administran unas 12.000 hectáreas, donde combinan agricultura y cría. Allí producen maíz, trigo, soja, girasol y arveja, además de haber incorporado camelina y cultivos de cobertura

En esa zona se encuentran los campos Cruz de Guerra, Santa Isabel, La Juanita y El Potrillo. También funciona Cereales 25 de Mayo, el acopio familiar que recibe y comercializa granos, vende insumos y desarrolla operaciones con productores de la región

Producción adaptada a cada ambiente

Una de las principales modificaciones productivas fue abandonar el esquema de ganadería de ciclo completo en todos los establecimientos. Los campos con mayor aptitud agrícola se orientaron a los cultivos, mientras que los ambientes ganaderos quedaron enfocados en la cría

En el este de La Pampa trabajan unas 4000 hectáreas con agricultura y ganadería. Allí realizan recría y terminación, producen maíz, trigo y girasol, y cultivan las pasturas destinadas a los animales. La soja fue retirada de ese esquema por su mayor volatilidad

Los animales llegan luego a la terminación a corral, con una dieta basada en silo y grano de maíz molido, junto con suplemento proteico

En Árbol Solo, en el oeste pampeano, la familia posee unas 40.000 hectáreas. La receptividad es de aproximadamente un animal cada 20 hectáreas y la actividad principal es la cría, con una producción cercana a las 2000 vacas. Luego, los terneros son trasladados a San Luis

En esa provincia, unas 32.000 hectáreas se distribuyen en cuatro campos ubicados en Nueva Galia y Buena Esperanza. Allí se combinan cría, recría y terminación, junto con cultivos de maíz y girasol

El rodeo total ronda las 13.000 vacas entoradas y se apoya en tres bases genéticas: Aberdeen Angus Colorado, Hereford y Bovino Criollo, además de sus cruzas

El regreso del Bovino Criollo

La utilización del Bovino Criollo responde a una necesidad productiva en los campos más duros del oeste de La Pampa y San Luis. Según la familia, esa raza aporta rusticidad, fertilidad y capacidad de supervivencia de los terneros

El vínculo con ese ganado se remonta a los comienzos de la explotación, cuando el tatarabuelo de la familia criaba ovejas y vacas criollas. Más tarde se incorporaron razas británicas como Hereford y Shorthorn, y el criollo perdió protagonismo durante varias generaciones

El padre y el tío de los Garciarena-Berreta volvieron a identificar su utilidad para los campos de cría y lo reintrodujeron en el rodeo. Actualmente, las tres razas se utilizan para realizar cruzamientos

La hacienda se destina al mercado interno. Sin embargo, la suba del valor de los animales llevó a buscar mayores pesos de venta, con el objetivo de alcanzar novillos de unos 480 kilos. La genética disponible también permitiría producir animales para exportación si las condiciones económicas lo justificaran

De la familia propietaria a la familia empresaria

La transformación no se limitó a los sistemas productivos. Durante décadas, la empresa funcionó con una conducción centralizada y decisiones tomadas sobre la base de la confianza familiar. Con el crecimiento del grupo, ese modelo comenzó a resultar insuficiente

La quinta generación está formada por 12 familiares de sangre: siete hermanos Garciarena y cinco hermanos Berreta. La generación siguiente suma 33 integrantes

Después de la muerte del padre, en 2021, la familia decidió no vender ni dividir los activos. En cambio, se otorgó tres años para reformular la organización y mantener unido el patrimonio

La nueva estructura incorporó un directorio, un gerente general y áreas específicas para la gestión agrícola y ganadera. Las decisiones dejaron de tomarse de manera independiente en cada establecimiento y comenzaron a definirse desde una estrategia común

También se sumaron profesionales externos a la gestión y al directorio. José Berreta, que había trabajado en 25 de Mayo y luego se trasladó a La Pampa, integra el directorio desde hace cuatro años y recientemente dejó la administración cotidiana para asumir otra función

Al finalizar el tercer año del proceso, 10 de los 11 integrantes resolvieron continuar juntos. La profesionalización buscó separar las responsabilidades de gestión de los vínculos familiares, sin eliminar el compromiso con el proyecto común

La familia también acordó que la participación de los hijos en la empresa no fuera obligatoria. De los 33 integrantes de la sexta generación, solo uno trabaja actualmente en la organización

El desafío de los Garciarena-Berreta consiste en conservar una estructura productiva construida durante cinco generaciones y, al mismo tiempo, sostener un negocio capaz de adaptarse a los cambios del campo. Para ellos, la continuidad no depende del azar, sino de las decisiones tomadas para preservar la tierra y ordenar la empresa