El ayuno intermitente alterna períodos de alimentación con franjas de ayuno. Puede organizarse restringiendo las horas de comida o dejando de comer determinados días de la semana

La práctica se volvió popular por su posible efecto sobre el peso y por beneficios que también se han relacionado con el cáncer, la función cognitiva y la longevidad. Sin embargo, los resultados de las investigaciones son contradictorios y no permiten confirmar todas esas promesas

Un cambio metabólico con resultados desiguales

Durante el ayuno, el organismo pasa de utilizar principalmente el azúcar a emplear la grasa circulante como fuente de energía. Ese proceso puede modificar el comportamiento de las células y activar la autofagia, un mecanismo mediante el cual las células sanas reciclan proteínas dañadas o desgastadas

La mayor parte de la evidencia favorable proviene de experimentos con ratones, moscas y gusanos. En esos estudios, los animales conservaron un peso saludable y presentaron menos enfermedades cuando tuvieron horarios de alimentación restringidos, aun consumiendo una cantidad similar de calorías

En humanos, los efectos son más moderados. Según el tipo de régimen, la pérdida de peso ronda el 5%, un resultado comparable al de otras estrategias dietéticas. También se han observado reducciones en algunos indicadores de riesgo metabólico, como el colesterol y la presión arterial

Los beneficios pueden ser mayores en personas que comienzan con peor estado de salud. En cambio, los esquemas más intensos, como comer en días alternos, podrían reducir la masa corporal magra y perjudicar la salud metabólica

La distancia entre los animales y las personas

Los resultados sobre la función cognitiva y el cáncer también muestran diferencias entre los estudios con animales y los ensayos en humanos. Una dieta diseñada para imitar la respuesta biológica del ayuno prolongado no consiguió activar en los participantes el cambio metabólico observado en ratones

La dieta 5:2 podría ayudar a algunas mujeres con cáncer de mama metastásico a tolerar mejor la quimioterapia, tanto por su impacto en la calidad de vida como por una posible ralentización de la progresión de la enfermedad. Aun así, los hallazgos no son uniformes

Parte de la explicación está en la biología. La tasa metabólica de un ratón es mucho más alta que la de una persona: 16 horas de ayuno en un roedor pueden equivaler a varios días en un ser humano. Además, los animales de laboratorio suelen ser genéticamente muy similares, mientras que las personas presentan una variabilidad mucho mayor

El problema de medir la alimentación

En los experimentos con animales, los investigadores controlan qué comen, cuánto y cuándo. En los estudios con personas, en cambio, suelen entregar instrucciones y diarios alimentarios, pero los participantes continúan tomando decisiones por su cuenta

Los registros pueden omitir comidas, exagerar el cumplimiento del ayuno o subestimar las porciones. Solo cerca del 50% de los participantes llega a entregar sus registros de alimentación en algunos estudios

Una ecuación desarrollada en 2025 sugirió que alrededor del 30% de las personas subestima la cantidad de alimentos que consume. La diferencia promedio entre lo declarado y lo calculado puede ubicarse entre 400 y más de 800 calorías diarias

En un caso citado en la investigación, personas que declaraban consumir entre 1600 y 2000 calorías por día presentaban, según la técnica del agua doblemente marcada, un consumo cercano a 3500 calorías. Esta técnica utiliza agua con isótopos estables de hidrógeno y oxígeno y calcula el gasto energético a partir de la velocidad con que esas sustancias se eliminan mediante la orina y el sudor

Tecnología para observar lo que se come

Los ensayos de alimentación con participantes internados permiten pesar los alimentos y controlar cada caloría, pero suelen ser pequeños, costosos y de corta duración. Mantener a una persona aislada durante meses no es una opción viable para la mayoría de los estudios

Por eso se prueban herramientas que reduzcan la dependencia de los autorregistros. Algunas cámaras integradas en gafas o collares toman imágenes cada siete segundos o cuando detectan la masticación. También se desarrollan collares capaces de identificar ese movimiento, tenedores que registran cuándo y cuánto alimento llega a la boca y sensores de nutrientes adheridos a los dientes

La mayoría de estos dispositivos todavía está en fase de prototipo y las cámaras plantean problemas de privacidad. Por ahora, los análisis periódicos de sangre y orina ofrecen una alternativa práctica para observar los nutrientes que procesa el organismo

La combinación de diarios alimentarios, biomarcadores y dispositivos portátiles podría acercar los estudios realizados en la vida cotidiana a la precisión de los ensayos hospitalarios. También sería necesario registrar la actividad física, el sueño, las calorías, la composición de los alimentos y el cumplimiento del régimen

La evidencia disponible no muestra que el ayuno intermitente sea una solución universal. Sus efectos en humanos parecen menos extraordinarios que los observados en animales, y todavía persiste una limitación central: medir con precisión qué come cada persona