El miedo cumple una función: alerta sobre un posible peligro, real o imaginado. El problema aparece cuando esa emoción toma el control y condiciona las decisiones cotidianas

Según Stamateas, evitar aquello que asusta suele reforzar el temor. La salida momentánea alivia, pero no resuelve nada. Por eso habló de una conducta que alimenta el miedo: alejarse de aquello que se quiere evitar

Entre la realidad y la imaginación

El especialista señaló que muchas personas conviven con temores frecuentes: fracasar, enfermar, ser rechazadas, quedar en ridículo, pensar en el futuro o enfrentar el paso del tiempo. En ese terreno, advirtió, la imaginación puede volverse más intensa que los hechos

También remarcó que no todo lo que se piensa termina ocurriendo. Tener ideas repetitivas o preocupaciones no significa que sean verdad ni que describan un peligro real

La acción como antídoto

Para ordenar el miedo, propuso distinguir entre riesgos concretos y construcciones mentales. A partir de ahí, dijo, la confianza se fortalece con movimiento: empezar de a poco, animarse a dar pasos y no esperar a sentirse seguro para actuar

En esa línea, sostuvo que la valentía no consiste en no sentir temor, sino en avanzar a pesar de él. Es una habilidad que se entrena con práctica y con cada experiencia superada

Recordar lo que ya se superó

El cierre de su planteo apunta a una idea simple: atravesar crisis pasadas deja aprendizaje. Cada vez que una persona logra salir adelante, refuerza la certeza de que puede volver a hacerlo

Por eso, frente a una prueba nueva, recomendó recuperar logros previos y apoyarse en esa memoria de superación para seguir avanzando