La identidad de Buenos Aires también se reconoce en sus árboles. Jacarandás, tipas, lapachos, ceibos y palos borrachos forman parte de un paisaje que hoy parece natural, aunque la ciudad colonial pasó casi tres siglos sin grandes áreas arboladas

Ese proceso de transformación es el eje de Buenos Aires en flor. Arquitectura y paisaje en la ciudad, un libro con fotografías de Karina Azaretzky y textos del arquitecto y paisajista Jorge Bayá Casal, publicado por India Ediciones

Una ciudad transformada por el verde

La obra documenta, a lo largo de 200 páginas, el encuentro entre la arquitectura de tradición europea y la vegetación sudamericana. Fachadas ornamentadas, mansardas, cúpulas y muros de ladrillo aparecen enmarcados por floraciones que cambian la percepción de calles, plazas y edificios conocidos

Durante la época colonial, Buenos Aires era un caserío rodeado por la pampa, con pocas sombras y casi ningún paseo arbolado. Hacia 1780 se plantaron sauces y ombúes en un tramo de la actual avenida Leandro N. Alem, considerado uno de los primeros espacios de este tipo

También surgieron terrenos baldíos entre las manzanas, conocidos como “huecos”, que con el tiempo se convirtieron en plazas. El antiguo hueco de los Cabecitas, por ejemplo, dio lugar a la actual plaza Vicente López

La creación del Parque Tres de Febrero marcó otro momento decisivo. El desarrollo de parques y paseos acercó a Buenos Aires al modelo de las grandes capitales que ya contaban con importantes espacios verdes

El legado de Charles Thays

Entre los protagonistas de esta transformación se destaca Charles Thays. Como director de Parques y Paseos, entre 1891 y 1913, impulsó una política sostenida de plantación de árboles y sumó alrededor de 150.000 ejemplares al paisaje urbano

El Jardín Botánico, cuya plantación comenzó en 1892, funcionó además como un espacio de cultivo para especies destinadas a calles, plazas y parques. Thays incorporó árboles nativos de distintas regiones del país, entre ellos el jacarandá y la tipa, originarios de las yungas del noroeste argentino

En paralelo, la inmigración modificó la arquitectura porteña mediante nuevos oficios, materiales y técnicas. El resultado fue una combinación de estilos que definió buena parte del patrimonio de la ciudad

Un calendario de colores

El libro organiza sus capítulos a partir de distintas tonalidades: lila, amarillo, rojo, rosado y blanco. La propuesta permite seguir el ciclo de floraciones que se suceden durante el año

El jacarandá, declarado árbol distintivo de la Ciudad en 2015, tiñe las calles de violeta. Las tipas cubren las veredas de amarillo hacia noviembre, mientras que el ibirá pitá prolonga ese color durante el verano. Los lapachos, crespones y palos borrachos suman nuevas variaciones al paisaje

El ceibo, flor nacional desde 1942, también ocupa un lugar destacado. En Plaza Lavalle se conserva un ejemplar llegado desde Jujuy y plantado en 1878 por el intendente Torcuato de Alvear, cuando el lugar todavía funcionaba como parque de artillería

La publicación menciona además el llamado lapacho de Ezcurra, plantado en 1940 en el jardín de una antigua mansión de Palermo Chico. En el Museo de Arte Decorativo permanece un olivo de más de un siglo, instalado cuando se construyó la propiedad

De la nostalgia al registro fotográfico

Azaretzky llegó a Buenos Aires en 2012, después de haber vivido hasta los 30 años en Tucumán. La añoranza por la luz, los árboles y las flores de su provincia la llevó a recorrer la ciudad con una cámara

Con el tiempo, organizó las imágenes por colores y creó un archivo nacido de esas caminatas. El vínculo entre la vegetación y la arquitectura fue uno de los aspectos que más la sorprendió, ya que en Tucumán los árboles se despliegan de manera más abundante y exuberante

El proyecto del libro surgió durante encuentros virtuales realizados en la pandemia, en los que participaban paisajistas, ambientalistas, arquitectos, historiadores del arte y aficionados a las plantas. Bayá Casal comentaba las fotografías y aportaba datos sobre las especies y los lugares retratados

La obra será declarada de Interés por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires durante el próximo Día de la Primavera, por iniciativa del diputado Juan Pablo Arenaza

En junio, sus autores presentaron el trabajo como muestra en el Real Jardín Botánico CSIC de Madrid y también lo llevaron a las embajadas argentinas en París y Londres. Ahora proyectan exhibir algunas imágenes en calles y avenidas porteñas para acercar ese patrimonio cotidiano a los vecinos