Ceuta, el estallido local
La presión migratoria volvió a concentrarse en Ceuta, donde miles de personas, en su mayoría marroquíes, intentaron entrar por mar o por tierra durante una semana. Las cifras oscilan entre 2.000 y 20.000, pero en cualquier caso el episodio desbordó a las autoridades locales y reactivó una alarma que parecía contenida
En Tarajal, la frontera entre Marruecos y el enclave español, se repitieron escenas de gran tensión: personas cruzando a nado, otras intentando superar las vallas y un dispositivo de acogida al límite. El centro de estancia temporal ya alojaba a cerca de 700 migrantes, mientras cientos aguardaban fuera por falta de espacio
La emergencia también dejó un saldo trágico. En las últimas 24 horas murieron 17 personas ahogadas cuando trataban de llegar a Ceuta desde la costa marroquí. Desde enero, al menos 39 cuerpos de migrantes que intentaban alcanzar el enclave fueron recuperados en el mar
Un descenso en el mapa europeo
La imagen de Ceuta contrasta con la tendencia general en Europa. En 2025 se registraron unos 178.000 cruces irregulares de las fronteras exteriores de la Unión Europea, un 26% menos que el año anterior. La caída se profundizó a comienzos de 2026, con una baja cercana al 40% en el primer trimestre y del 37% en el primer semestre
Aun así, el costo humano no disminuye. Cerca de 1.300 migrantes murieron en el mar desde enero de 2026 en su intento de llegar a Europa. Las rutas no desaparecen: se reordenan, se desplazan y cambian según los controles, los conflictos y la acción de las redes de tráfico
Rutas que se vacían y corredores que persisten
El Mediterráneo central sigue siendo el principal corredor irregular, con el 37% de las llegadas en 2025. Allí predominan los ciudadanos bangladesíes, seguidos por eritreos, pakistaníes y egipcios. También sigue activo el Mediterráneo oriental, a través de Grecia y la fachada adriática, con 51.000 cruces el año pasado
En cambio, otras rutas perdieron fuerza con claridad. El itinerario desde África occidental hacia Canarias cayó un 63% en 2025, y la ruta de los Balcanes occidentales se redujo un 58% en los primeros meses de 2026. En el Canal de la Mancha siguieron los cruces hacia el Reino Unido, aunque los intentos bajaron un 44% en el primer semestre de este año
Fuera de Europa, otro dato refuerza la idea de desplazamiento más que de desaparición: las salidas desde el África subsahariana hacia países del Golfo crecieron un 34% entre 2024 y 2025
Europa ensaya respuestas distintas
La gestión del fenómeno sigue fragmentada. Italia apuesta por la externalización, con centros en Albania para migrantes interceptados en el mar, aunque la vía judicial ha frenado varias veces esos traslados
En paralelo, la Unión Europea puso en marcha en junio un nuevo Pacto sobre Migración y Asilo con controles reforzados, lista común de países seguros, solidaridad obligatoria entre Estados y nuevas reglas de retorno
España, en cambio, tomó otro rumbo. El 14 de abril de 2026 aprobó una regularización extraordinaria que podría beneficiar a unas 500.000 personas en situación irregular. El procedimiento exigía cinco meses de residencia continua antes del 1 de enero de 2026, ausencia de antecedentes penales y vínculos acreditables con el país
La medida generó un volumen de solicitudes muy superior al previsto: más de un millón, y hasta 1,3 millones según un informe policial. Pedro Sánchez la defendió por razones demográficas y económicas, al sostener que la inmigración sostiene el crecimiento y el empleo en una economía que necesita mano de obra
La decisión, sin embargo, también tuvo costo político. Hubo reservas en Bruselas y rechazo de la oposición española, que la interpreta como una jugada electoral. El choque de modelos dejó una conclusión clara: Europa enfrenta la migración con respuestas simultáneas, desiguales y todavía sin una línea común convincente