Desde cachorro, Chiche mostró un temperamento afectuoso, obediente y especialmente predispuesto al contacto con las personas. Esas características llevaron a la Fundación Caral a considerarlo apto para convertirse en un perro de apoyo emocional
Durante su preparación, el animal se destacó por su capacidad de aprendizaje, facilidad de adaptación y búsqueda constante de interacción humana
Un encuentro que cambió la dinámica diaria
Sebastiana atravesaba un cuadro de depresión profunda. Estaba muy triste, desanimada y con pocas ganas de salir de su casa, una situación que preocupaba a su familia
Su hija, Ana, se contactó con la Fundación Caral para evaluar la posibilidad de incorporar a Chiche a la vida de su madre. En el primer encuentro, Sebastiana lloró mientras lo acariciaba y el perro buscó acercarse a ella y animarla
La conexión fue inmediata. A partir de ese momento comenzó un vínculo que modificó la rutina cotidiana de ambos
Preparación para convivir en un hogar de adultos mayores
Antes de asistir a una persona mayor, Chiche había atravesado un proceso de entrenamiento desde sus primeros meses de vida. La preparación incluía obediencia, adaptación a distintos entornos y contacto con elementos habituales en residencias y viviendas, como sillas de ruedas, bastones y otros dispositivos de apoyo
Como varios de esos objetos también estaban presentes en la casa de Sebastiana, el perro pudo adaptarse con mayor facilidad. La familia recibió indicaciones para continuar practicando las órdenes básicas y reforzar los aprendizajes
Rutinas compartidas hasta el final
La presencia de Chiche le dio a Sebastiana un motivo para reorganizar sus días. Con la ayuda de su familia, comenzó a participar en tareas como alimentarlo, cepillarlo y ocuparse de sus cuidados
El perro le ofreció compañía, afecto y alegría. Sebastiana, a su vez, se convirtió en una figura central para Chiche y le brindó cuidado y cariño
Ambos permanecieron juntos hasta los últimos días de la vida de Sebastiana. Chiche la acompañó con la misma cercanía desde aquel primer encuentro