La prevención cardiovascular dejó atrás la idea de esperar síntomas para actuar. Hoy, la mirada médica busca anticiparse y calcular el riesgo de cada persona para definir qué medidas necesita
Un enfoque más personalizado
El control del colesterol ya no se maneja con un único valor para todos. La conducta médica depende del riesgo cardiovascular, los antecedentes y otros factores que pueden modificar la estrategia de tratamiento
En ese marco, el estilo de vida ocupa el primer lugar. Una alimentación saludable, el control del peso y el descanso adecuado aparecen como las bases para reducir riesgos
La dieta y los medicamentos, según el caso
La recomendación inicial es sostener una alimentación basada en productos frescos y de origen vegetal, junto con hábitos compatibles con una dieta mediterránea. Cuando hace falta, el tratamiento puede incluir estatinas u otras alternativas, siempre indicadas por un médico
Si aparecen efectos adversos, como dolor en las piernas, puede evaluarse un cambio terapéutico hacia otras opciones farmacológicas disponibles
Cómo actúa el colesterol en las arterias
Para explicarlo de forma simple, las arterias funcionan como una vía por la que circulan distintas partículas. El colesterol “bueno” ayuda a retirar exceso de colesterol de la pared arterial y llevarlo al hígado
En cambio, el colesterol LDL favorece la acumulación en las arterias. A eso se suma la lipoproteína A, una partícula con componente genético que también puede aumentar el riesgo y que conviene medir al menos una vez en la vida si existe riesgo a 10 años
Qué metas se buscan
Los objetivos de LDL cambian según el nivel de riesgo. En personas de riesgo bajo o intermedio, la meta es menos de 100. Si el riesgo es alto, el objetivo baja a menos de 70. Y si hubo un infarto o un evento cardíaco previo, la meta es menor de 55
La clave, en síntesis, es combinar evaluación médica, hábitos sostenibles y tratamiento adecuado para cada paciente