Johannah Katz, dietista y madre de dos niños, sostiene que el almuerzo escolar tiene que resolver una necesidad concreta: que sus hijos coman bien. Por eso, al preparar las viandas, apunta a incluir proteínas, carbohidratos con fibra, frutas y verduras, además de grasas saludables
No busca armar comidas elaboradas ni dedicar tiempo extra a decoraciones. En su rutina diaria, la alimentación convive con el trabajo, la escuela, las actividades extracurriculares, los deportes y las tareas del hogar, así que la prioridad está puesta en el valor nutricional y en ganar tiempo
Repetir sin perder equilibrio
Katz también repite algunos alimentos en las loncheras y cambia sobre todo los acompañamientos y los refrigerios. Según su mirada, la repetición no vuelve menos saludable una dieta y la variedad puede aparecer en otros momentos, no necesariamente en cada vianda
Para ella, exigir que todos los almuerzos sean distintos solo suma presión a una jornada ya cargada de decisiones. Su idea es evitar la búsqueda de una perfección que, en la práctica, complica más de lo que ayuda
Opciones prácticas para todos los días
Entre los recursos que usa con frecuencia figuran los sándwiches de mantequilla de maní y mermelada listos para comer, las pastas hechas con frijoles y las arvejas como agregado simple para sumar verduras y color. También recurre a frutas liofilizadas, bocados de un solo ingrediente, yogur con poco azúcar, purés de fruta, barritas pequeñas y huevos duros
Para acortar tiempos, utiliza una cortadora multipropósito para frutas y verduras y un aparato para cocinar huevos al vapor. Dice que prefiere productos preparados porque sabe que sus hijos los van a comer y porque le reducen el estrés
Una regla sencilla
La recomendación que aplica en su casa es la misma que transmite a sus pacientes: no existe la perfección. Si la vianda reúne frutas, verduras, proteínas, grasas saludables y una buena cantidad de fibra, considera que el objetivo está cumplido