Durante años, una mujer acumuló diagnósticos de TDAH, trastorno por consumo de cocaína y heroína, trastorno bipolar, depresión y trastorno obsesivo-compulsivo. Sin embargo, con el tiempo descubrió que muchas de sus experiencias parecían explicarse mejor por el autismo

Desde la infancia había tenido una marcada sensibilidad a los ruidos y las luces, dificultades sociales, necesidad de uniformidad y una intensa concentración en ciertos intereses. También había desarrollado estrategias para regularse frente a situaciones que la abrumaban

Su recorrido no es excepcional. Más de la mitad de las personas que reúnen los criterios para un diagnóstico de salud mental también pueden recibir otro a lo largo de su vida. Además, cuanto más temprano aparece un trastorno, mayor es la posibilidad de que se presenten varias afecciones

El problema de las categorías superpuestas

Esta coincidencia de diagnósticos, conocida como comorbilidad, pone en discusión el modo en que se clasifican los trastornos psiquiátricos. Las etiquetas del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, conocido como DSM, no siempre representan enfermedades completamente diferenciadas

Los riesgos genéticos asociados con los trastornos cerebrales tampoco parecen limitarse a una sola categoría. Por ejemplo, los antecedentes familiares de depresión pueden relacionarse con una mayor probabilidad de desarrollar depresión, ansiedad, autismo o esquizofrenia

También existe la posibilidad de que algunos diagnósticos sean equivocados. Una misma combinación de síntomas puede ser interpretada de distintas maneras según la edad, la información disponible y la experiencia del profesional que evalúa a la persona

La búsqueda de un factor común

Ante estas dificultades, algunos investigadores proponen estudiar los puntos de contacto entre los trastornos en lugar de concentrarse únicamente en sus diferencias. El psicólogo Avshalom Caspi denominó “factor p” a una posible vulnerabilidad general vinculada con la psicopatología

Una de las hipótesis relaciona ese factor con los traumas durante la infancia, que pueden elevar el riesgo de múltiples problemas psiquiátricos, desde la ansiedad y la depresión hasta la esquizofrenia y los trastornos de la personalidad

Otra posibilidad apunta a los genes que intervienen en el desarrollo cerebral. Un estudio publicado en 2023 en Nature Medicine vinculó ciertos genes asociados con conexiones excesivas en las regiones frontales del cerebro con un riesgo mayor de padecer diversos trastornos mentales

La etapa en la que suelen manifestarse estos problemas también resulta relevante. Cerca del 75% de las enfermedades mentales comienza durante la adolescencia o los primeros años de la adultez, un período en el que el cerebro elimina conexiones redundantes o poco utilizadas

Cómo una dificultad puede alimentar a otra

El factor común no necesariamente tiene que ser una causa biológica compartida. En algunos casos, los síntomas de una afección pueden generar nuevas fuentes de sufrimiento y reforzar otros problemas

La hipersensibilidad y las dificultades para relacionarse pueden favorecer experiencias de acoso escolar y contribuir a la depresión. A su vez, la depresión, el aislamiento y la sensación de estar sobrepasado pueden aumentar el riesgo de desarrollar una adicción

Algunas investigaciones también relacionan un cerebro hiperconectado con capacidades asociadas al autismo, como el pensamiento sistemático, y con dificultades como los problemas sociales severos. Esa combinación puede influir de distintas maneras en la vida de cada persona

Un modelo basado en espectros

Mientras continúa el debate sobre una futura revisión del DSM, otros especialistas desarrollan alternativas como la Taxonomía Jerárquica de la Psicopatología, conocida como HiTOP

Este sistema organiza los problemas a partir de síntomas compartidos y características subyacentes comunes. Incluye, por ejemplo, un espectro internalizante, relacionado con la angustia emocional, la ansiedad, la depresión y las alteraciones del estado de ánimo, y otro externalizante, vinculado con la impulsividad y las conductas de riesgo

HiTOP también plantea que los trastornos no funcionan como interruptores que están encendidos o apagados. Los síntomas pueden presentarse en un continuo: una persona puede tener algunos rasgos obsesivos sin que sean incapacitantes o experimentar obsesiones y compulsiones graves en combinación con otras condiciones

Este enfoque permitiría evitar la acumulación de diagnósticos y reconocer que los síntomas cambian con el tiempo. Las dificultades subyacentes pueden adoptar formas diferentes a medida que una persona madura

El alivio de ponerle un nombre

Los diagnósticos no solo orientan la atención profesional. También pueden ayudar a las personas a comprender su propia historia y dejar de culparse por rasgos o comportamientos que no podían explicar

Para la mujer que recibió varios diagnósticos, saber que estaba dentro del espectro autista significó un alivio. Por primera vez, muchas de sus particularidades tenían sentido y podía distinguir entre los rasgos que le generaban dificultades y aquellos que no necesitaban ser modificados

Esta experiencia fue descrita como el “efecto Rumpelstiltskin”: la idea de que nombrar un problema puede quitarle parte de su poder. Sin embargo, otras personas perciben las etiquetas psiquiátricas como límites permanentes que obstaculizan la recuperación o afectan su calidad de vida

El desafío, por lo tanto, no consiste solo en elegir entre el DSM, HiTOP u otro sistema. También exige comprender cómo interactúan la biología, el temperamento y las experiencias, y reconocer que una misma etiqueta o tratamiento puede resultar beneficioso, inútil o perjudicial según el modo en que se utilice