SHIYAN, China. Durante años, Yuan Shimao creyó que las artes marciales consistían principalmente en golpear, patear y desarrollar velocidad. Con el tiempo, su práctica en las montañas Wudang lo llevó a una concepción diferente: el entrenamiento físico también podía ser un camino hacia la calma y el autoconocimiento

“Entrené de esa manera durante muchos años sin alcanzar la quietud necesaria para buscar dentro de mí”, explica Yuan, fundador de una academia de kung fu creada en 2004. Según su visión, cuando una persona aprende a aquietarse comienza a comprender el sentido espiritual de las enseñanzas taoístas y puede “redescubrirse”

Del entrenamiento físico a la búsqueda interior

En las artes marciales, ese proceso es conocido como “entrar en el Dao”. La idea guía el trabajo de la academia, donde el kung fu y el tai chi se practican en un entorno marcado por la tradición taoísta

Para Yuan, el cuerpo es el soporte del espíritu. Por eso, los alumnos comienzan desarrollando fuerza y resistencia. A medida que avanzan, el entrenamiento apunta también a fortalecer la mente y la voluntad

El maestro empezó a practicar artes marciales en la década de 1980. Primero se interesó por el boxeo y el sanda, un deporte de combate chino. Más tarde conoció Wudang y decidió trasladarse a las montañas luego de leer que las prácticas taoístas podían ayudarlo con los dolores provocados por el reumatismo

En ese lugar conoció los templos taoístas y adoptó ejercicios como la meditación de pie. Poco a poco comprendió que el movimiento y la quietud no eran opuestos: la actividad física también podía ayudar a tranquilizar el cuerpo y alcanzar un estado de mayor equilibrio

Actualmente, su academia recibe estudiantes chinos y extranjeros. Ofrece un programa de cinco años dedicado al entrenamiento marcial, otro orientado a la salud y el bienestar de adultos, y un campamento de verano para niños durante las vacaciones escolares

Una tradición taoísta con siglos de historia

Las montañas Wudang ocupan un lugar relevante en la historia del taoísmo. Se cree que Laozi transmitió sus enseñanzas fundamentales a un primer discípulo hace más de 2.500 años, y que este se instaló en la montaña para difundirlas

La tradición no se consolidó como una religión organizada hasta después de las dinastías Qin y Han, según Shu Chenghai, director de educación social del Museo de Wudang

La ubicación de Wudang, entre las actuales Xi’an y Luoyang, permitía a los practicantes buscar aislamiento sin alejarse por completo de los principales centros de población. La montaña ganó importancia religiosa durante la dinastía Tang, cuando se atribuyó a sus oraciones la llegada de lluvias. Su prestigio siguió creciendo y alcanzó su máximo nivel durante el gobierno de los emperadores Ming

El tai chi como forma de afrontar los conflictos

Guo Xinyi comenzó a entrenar en la academia de Yuan hace cinco años. La trayectoria del maestro en la preservación de las artes marciales taoístas le transmitió confianza. En la tradición china, los instructores como él son llamados “shifu”, un término que puede traducirse como maestro, pero que también contiene el carácter asociado a la palabra padre

Guo considera a Yuan una figura paterna. Cuando llegó a la academia atravesaba conflictos con sus padres. Las clases de tai chi le enseñaron a enfrentar esas tensiones con mayor serenidad

Después de invitar a Yuan a tomar el té y conversar con su familia, Guo sintió que el conflicto comenzó a desaparecer. Para ella, aquella charla se pareció a una lección de tai chi: frente a una confrontación, en lugar de resistir o atacar de inmediato, primero hay que liberar la tensión, hundirse y recién después volver a elevarse

Una enseñanza adaptada a los jóvenes

La cantidad de alumnos chinos y extranjeros de la academia creció en los últimos años. Yuan observa además que el de los estudiantes se volvió más joven: antes predominaban las personas de mediana edad y los mayores

Entre los alumnos extranjeros se encuentra Jake Pinnick, un estadounidense que llegó a Wudang a los 20 años. Dieciséis años después, considera que la montaña es su hogar. Se acercó a China atraído por las artes marciales, pero decidió quedarse por la filosofía que las rodea. Con el tiempo se convirtió en maestro y abrió su propia academia en Wudang

Yuan sostiene que los métodos de enseñanza también cambiaron para adaptarse a las nuevas generaciones. El entrenamiento físico es menos exigente, se eliminó el castigo corporal y se incorporaron nuevas formas de motivación, como los cantos destinados a reforzar la fortaleza física y emocional

Las rutinas dependen del programa elegido, aunque algunas jornadas comienzan a las 6 de la mañana. Después del desayuno, los estudiantes practican los fundamentos y luego se dividen para realizar entrenamientos específicos. El día también incluye clases teóricas y sesiones de meditación

Para Yuan, aprender en Wudang implica sumergirse en la cultura taoísta que dio forma a sus artes marciales. Esa experiencia, afirma, puede ayudar a cultivar la armonía con la naturaleza, con los demás y con uno mismo