Comprar, vender o alquilar una propiedad ya no exige que todas las partes se encuentren en el mismo lugar. El propietario puede estar en Buenos Aires, el oferente en Madrid y el desarrollador en Córdoba mientras se firma una reserva, un contrato o un boleto de compraventa
La tecnología permite concretar esos actos a distancia, pero no todas las firmas ofrecen el mismo nivel de identificación, prueba y respaldo jurídico
Tres formas de firmar y distintos niveles de respaldo
La firma electrónica consiste en datos asociados a un documento que permiten identificar al firmante. Puede utilizarse para aceptar condiciones, realizar operaciones o suscribir documentos. Si una firma electrónica es desconocida, quien la invoca debe acreditar su validez, lo que puede complicar una eventual discusión judicial
La firma digital utiliza criptografía y un certificado digital. Permite verificar la identidad de quien firma y detectar modificaciones posteriores en el documento. Una firma digital válida cuenta, según la legislación argentina, con presunciones de autoría e integridad. Sin embargo, su adopción todavía no es generalizada entre los particulares
La firma ológrafa en soporte electrónico reproduce el gesto de firmar a mano mediante un dispositivo. Además, puede registrar datos dinámicos del acto, como el trazo, la aceleración, la presión y otras variables biométricas vinculadas con la ejecución. Esa información puede ser analizada y eventualmente utilizada como prueba pericial
La intervención notarial también define el alcance del acto
La certificación notarial agrega la intervención del escribano, quien certifica la firma y aporta las garantías propias de su función profesional. En una controversia, la tecnología no reemplaza por sí sola el valor de la fe pública
Por eso, no basta con saber si una plataforma permite firmar. También es necesario determinar qué debe acreditarse y qué respaldo requiere la operación. No tiene el mismo alcance aceptar una reserva que suscribir un documento privado de mayor trascendencia, ni es igual una operación entre personas cercanas que un negocio entre participantes ubicados en distintos países
Dos herramientas para operaciones inmobiliarias remotas
La Plataforma Ciudadana de Firmas (PCF) permite resolver la firma ológrafa en soporte electrónico de documentos privados. El Sistema Digital de Firmas (SDF) incorpora la intervención y la certificación notarial
Ambas herramientas pueden integrarse en una misma operación. Un documento privado puede firmarse a distancia mediante la PCF y, cuando corresponda, avanzar hacia una instancia de intervención notarial a través del SDF
El desafío para escribanos, abogados, inmobiliarias y desarrolladores consiste en elegir el tipo de firma de acuerdo con la operación y con el nivel de respaldo que se busca obtener. La distancia entre comprador y vendedor deja de ser el único problema: la cuestión central es qué debe probar el documento y qué garantías necesita