PARÍS. Los disturbios registrados en Francia abrieron una disputa política sobre sus causas. Dirigentes internacionales, entre ellos Donald Trump, los vincularon con la inmigración. En Francia, en cambio, funcionarios y especialistas apuntaron a grupos de extrema izquierda, delincuentes y una polarización social cada vez más profunda

Trump sostuvo que la inmigración había llevado al país al deterioro y reclamó el cierre de las fronteras. Su administración advierte sobre un supuesto declive civilizacional en Europa, dentro de su estrategia de seguridad nacional de 2026. El primer ministro húngaro, Peter Magyar, también relacionó los saqueos y los enfrentamientos con la política migratoria francesa

Desde España, el líder ultraderechista Santiago Abascal presentó los hechos como una consecuencia del “islamoizquierdismo” y difundió imágenes del incendio del ayuntamiento de Limoges. Sus declaraciones se produjeron en un contexto electoral, al igual que las de otros dirigentes europeos

El presidente francés, Emmanuel Macron, evitó responsabilizar de manera general a la población inmigrante. En cambio, condenó la actuación de grupos de extrema izquierda y de delincuentes. Su ministro de Ciudad, Vincent Jeanbrun, afirmó que solo una parte de los habitantes de los suburbios participó en los desórdenes y vinculó ciertas formas de delincuencia con el narcotráfico

La Agrupación Nacional, cuya candidata Marine Le Pen encabeza los sondeos para las próximas elecciones presidenciales, también centró sus críticas en la extrema izquierda. Su presidente, Jordan Bardella, acusó a los activistas radicales de actuar contra la democracia y de estar ligados a La Francia Insumisa, el partido de Jean-Luc Mélenchon

Una protesta con participantes diversos

Los disturbios ocurrieron durante una movilización contra el aumento del costo de vida y en apoyo a los estudiantes de liceo. El politólogo Pascal Perrineau describió una participación mayoritariamente pacífica, junto con la presencia de grupos violentos de características diferentes

Entre ellos mencionó a estudiantes radicalizados por dirigentes violentos, militantes de movimientos revolucionarios y miembros de los llamados “black blocs”, identificados por sus enfrentamientos con la policía. También señaló a jóvenes de los suburbios, incluidos franceses de origen inmigrante, asociados a saqueos y daños contra comercios

Ese último tipo de violencia ya había aparecido en 2023, después de la muerte de Nahel, un joven de 17 años que recibió un disparo de un policía durante un control de tránsito en las afueras de París. En aquella ocasión, los ataques comenzaron contra símbolos del Estado, como escuelas, y luego incluyeron saqueos

El antecedente más cercano son las protestas de los chalecos amarillos, entre 2018 y 2019. Aquel movimiento, con fuerte presencia de zonas periurbanas y rurales, también provocó destrozos y saqueos, especialmente en sectores acomodados de París

Para Perrineau, la reiteración de estos episodios revela un país profundamente dividido y con un clima de disturbios que podría influir en una campaña presidencial agitada. El historiador Stephane Sirot interpretó la violencia como la expresión acumulada de conflictos vinculados con el clima, el poder adquisitivo y otros malestares sociales