Gabriel Rolón reflexionó sobre la relación entre felicidad, memoria y expectativas. Según explicó, muchas personas quedan divididas entre la nostalgia por lo vivido y la esperanza de alcanzar algo mejor más adelante

El psicólogo cuestionó las fórmulas rápidas que prometen una felicidad inmediata. A su entender, el problema surge cuando el bienestar se deposita únicamente en experiencias pasadas o en un futuro que todavía no llegó

Una memoria que transforma los recuerdos

Rolón sostuvo que los recuerdos atraviesan una edición emocional con el paso del tiempo. Así, algunos episodios pueden reconstruirse desde una mirada más amable o idealizada

En ese proceso, las personas pueden recordar a familiares ausentes con cualidades más nobles, generosas, fuertes o sensibles que las que quizá tuvieron. La infancia también puede convertirse en un territorio embellecido por la nostalgia

El pasado forma parte de la identidad, pero no vuelve

Reconocer que hubo momentos felices no significa permanecer en ellos. Rolón advirtió que dedicar demasiado esfuerzo a resignificar el pasado puede desplazar la construcción de bienestar en el presente

Las experiencias anteriores conservan valor porque participan en la formación de la identidad. Sin embargo, lo vivido no puede recuperarse y la posibilidad de una felicidad actual depende de lo que cada persona haga con esa historia

La posibilidad de ser feliz ocurre ahora

Para el especialista, las emociones y experiencias de distintas etapas de la vida siguen presentes en quien cada persona es hoy. Mencionó como ejemplos la emoción de recibir una primera guitarra a los cinco años, mudarse con el padre al campo a los 12 y comenzar una carrera universitaria a los 18

Esos recuerdos pueden ayudar a comprender la propia trayectoria, pero no deberían reemplazar la búsqueda de bienestar en el presente